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Segundo Aniversario – Apéndice al caso nº 00022: EL REGALO DE ARJONA

El mensaje de Arjona era claro: el día, la hora y el canal, acompañados únicamente de las palabras “Feliz cumpleaños”. Así que ahí estábamos todos, pendientes del televisor, con las luces apagadas y las persianas bajadas, con palomitas preparadas y una bañera de grog burbujeando por si acaso. Pero creo que, en el fondo, nadie se terminaba de esperar esto:

»Desde siempre —anunciaba un locutor en off—, el ser humano se ha visto fascinado por esos personajes inteligentes y observadores, capaces de adivinar hasta el más mínimo detalle con solo un vistazo, que ponen su talento al servicio de los demás. Desde clásicos como Sherlock Holmes, Jane Marple, Hercules Poirot o Joseph Rouletabille, hasta figuras más contemporáneas como Jessica Fletcher, el Teniente Colombo, Gil Grissom o incluso el doctor Gregory House —las imágenes de todos ellos desfilaron por la pantalla—. Disfrutamos de sus aventuras de ficción, nos sorprendemos con la aplastante lógica de sus razonamientos y la espectacularidad de sus conclusiones, saboreamos sus historias con el amargo regusto de saber que es difícil encontrarlas en la vida real.

»Pero tal vez no resulta tan difícil. Sólo hay que saber investigar

.

La ya reconocible imagen del Palacio de Congresos nos dio la primera pista de lo que estaba por venir.

»Un congreso internacional de criminalistas. Uno de los asistentes es un asesino, otro será su víctima, y nadie sabe quién matará a quién ni cómo. El reloj corre en contra de la víctima desconocida, le quedan cinco días de vida. Y sin embargo, tres días antes de que se cometa el asesinato, el criminal es descubierto y arrestado. ¿Cómo pudo ocurrir?

»—Yo hice el arresto, sí, y la investigación desde dentro —anuncia Arjona ante las cámaras—; pero sería injusto atribuirme todo el mérito. Recibimos ayuda externa, la inestimable colaboración de una agencia de detectives consultores con los que hemos trabajado ya en muchas ocasiones… Me refiero, por supuesto, a la Sociedad del Misterio.

Y en ese momento aparece en pantalla la huella dactilar con su interrogante entre sus surcos que es nuestro emblema, y sobreimpreso el título del reportaje:

LA SOCIEDAD DEL MISTERIO
EL JUEGO HA EMPEZADO

»Una agencia de detectives consultores —prosigue el locutor ante un plano de nuestro edificio—. Una academia de investigación criminalística. Un centro donde se reúnen todos aquellos que creen que se puede utilizar el cerebro para hacer de este mundo un lugar más seguro. Pero ¿qué es en realidad la Sociedad del Misterio?

»Hace hoy dos años, el investigador jefe Jack Ryder, antiguo colaborador de la Policía —Dios, no me puedo creer que hayan cogido esa foto mía—, fundó la Sociedad del Misterio. El objetivo era muy simple: poner a disposición del público toda la información de un caso a la que se pudiera acceder, para contar con la colaboración ciudadana y desentrañar misterios sin resolver. Siempre dispuestos a ayudar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la Sociedad del Misterio abre sus puertas a todo aquél que quiera contribuir a una investigación. Y de momento, se puede decir, están ofreciendo unos resultados más que considerables.

»Más de una veintena de casos resueltos dan fe de la calidad de su trabajo. Asesinos descubiertos y cazados, algunos robos desentrañados, dos secuestrados rescatados, incluso una estafa relacionada con un robo perpetrado hace más de cincuenta años. Criminales desenmascarados gracias a pequeños detalles como la falta de sangre en el cuerpo, un salmón descongelado o, como en este último caso, la alergia de un invitado. Mentes brillantes, razonamientos deductivos, y todo ello puesto al servicio de la comunidad.

»Y siguen creciendo. Cuando la Sociedad del Misterio abrió sus puertas, apenas contaría con una docena de investigadores. A día de hoy ya se han creado tres departamentos de investigación, dirigidos por tres investigadores que han probado ya de sobra su valía: el Profesor Boniatus, el investigador Jnum, y el investigador Zalaya. Además, gracias a las nuevas tecnologías se recibe la participación de investigadores de todo el mundo —Un mapa del mundo iluminado con las visitas que recibe la Sociedad—. Desde España hasta Argentina, pasando por México, Canadá, Estados Unidos, Francia, Alemania, Suecia o Rumanía, la Sociedad del Misterio reúne a los mejores investigadores independientes para resolver las grandes interrogantes de nuestra sociedad.

»Pero ¿qué opina la policía, la fuerza oficial designada para proteger y servir, de la aparición de este fenómeno?

»INSPECTOR VÍCTOR ARJONA
Homicidios

—No es una competición. Nuestro trabajo consiste en garantizar la seguridad de la gente. La Sociedad del Misterio nos ayuda a alcanzar ese objetivo.
—Entonces, ¿no cree usted que entorpezcan sus investigaciones?
—Siempre han respetado mucho el papel de la policía. No intentan pisarnos el terreno, de hecho cuando algo es competencia nuestra nos lo sugieren, en lugar de intentar investigarlo ellos por su cuenta.

»INSPECTOR EVARISTO MENDOZA
Homicidios

—Son unos aficionados. ¿Dejaría usted que le operase del corazón un friki de las series de médicos? Mire, no digo que no hayan tenido suerte y acertado alguna que otra vez; pero por lo general, deberían apartarse y dejar el trabajo de investigación en manos más capacitadas… en nuestras manos, sin ir más lejos.
—Sin embargo, hace poco usted cerró la investigación por la muerte de un asesino a sueldo, y ellos vieron que había algo más en el caso y lograron evitar un segundo asesinato. ¿Qué dice a eso?
—Se acabaron las preguntas.

La Sociedad estalla en risas. Uno a uno, Mendoza, acabamos de empatar.

»Por supuesto no todo han sido triunfos en el currículum de la Sociedad del Misterio. En dos ocasiones hasta la fecha, el investigador jefe Ryder o la Sociedad al completo se han visto convertidos en sospechosos de asesinato… y han logrado demostrar siempre su inocencia con pruebas concluyentes. La segunda de estas ocasiones, que los despertó con la aparición del cuerpo sin vida del doctor Carlos Duarte en sus propias oficinas —la foto de la orla de Carlos Duarte—, es uno de los pocos casos que aún continúan sin resolver. Se sabe quién no lo hizo… pero sólo eso.

»Sin embargo, sería un error ignorar las estadísticas. A día de hoy, la Sociedad del Misterio ha logrado resolver un aplastante noventa y uno por ciento de sus casos. Misterios en los que las últimas palabras de un alemán moribundo parecían incriminar al humilde sacristán de una iglesia de barrio. Enigmas en los que una mano cortada desafía a los detectives a encontrar el resto del cuerpo. Intrigas en las que ancestrales tomos orientales se ven inexplicablemente transmutados en cajas de porno. Todos ellos resueltos, siempre en un máximo de catorce días.

»A veces sólo hace falta saber observar. Estudiantes, ingenieros, artistas, maestros. Tándemes formados por madres e hijos, por parejas sentimentales, demostrando lo útil del trabajo en equipo. Muchas veces la colaboración ciudadana ha ayudado a detener a criminales buscados por la Justicia… y ahora, gracias a la Sociedad del Misterio, sabemos que cualquiera con una mente lo bastante ágil puede descubrir al asesino.

Mientras los títulos de crédito desfilan por la pantalla, mostrándonos los nombres de los periodistas que nos sustituyeron en el Congreso, me repantigo en mi asiento y disfruto de los vítores de mi equipo. Dos años de impecable trabajo de investigación han recibido la recompensa que se merecían. “Bien hecho, damas y caballeros”, pienso para mí, cuando de pronto suena el teléfono.

—Ryder, dígame… —digo tratando de hacerme oír entre el jaleo de la celebración—. ¿Quién? ¡Ah, coño, qué de tiempo! Nada, que nos pillas aquí celebrando nuestro segundo cumpleaños… ¿qué? ¿Mañana? Sí, claro que te puedo ir a buscar, pero… ¿cómo? Oye, te noto… no sé, ¿va todo bien? Sí, sí, por supuesto, cuenta conmigo… ¿a qué hora llega tu avión? Vale, pues allí estaré. ¡Oh, y buen viaje!

Cuelgo. Hacía tiempo que no oía esa voz, y no hará mucho que me quedé con las ganas de reencontrarme con él. Pero estaba serio, preocupado. Podía notarlo en su voz. Incluso casi diría que había algo que le asustaba.

En fin. Es un error teorizar sin pruebas. Al día siguiente nos encontraríamos y me contaría cuál era el problema. Hasta entonces, teníamos una fiesta que celebrar.

Probablemente fue cuando teníamos las luces apagadas. O quizás después, mientras todos estábamos demasiado distraídos con la fiesta como para notarlo. Pero a la mañana siguiente, encontraríamos un pedazo de papel pisoteado demasiadas veces, con sólo dos palabras mecanografiadas: “Feliz Aniversario”.

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Interludio: EL PRECIO DE LA FAMA

Siempre he acostumbrado a ser una persona con la cabeza fría. En opinión de más de uno, lo que soy es desesperantemente tranquilo.

Así que, cuando aquella maldición tronó desde mi despacho y por todas las oficinas de la Sociedad del Misterio, no es de extrañar que todo el mundo mirase en dirección a mi puerta. Salí del despacho colérico, mascullando aún la misma maldición y con un papel arrugado en la mano.

-¿Qué ha pasado, jefe? -preguntó Zalaya-. ¿ya ha vuelto a bajar de posiciones en el concurso de la cerveza?

Fulminé con la mirada a nuestro más reciente jefe de departamento, que inmediatamente se encogió en un silencioso gesto de disculpa. Luego me disculpé con él, que tampoco tenía la culpa… pero si las miradas matasen, en ese mismo momento habríais tenido un nuevo caso.

Suspiré.

-Supongo que ya da igual. Os estaba preparando una sorpresa para la semana que viene, pero nos la acaban de estropear. Así que imagino que ya os lo puedo contar.
-¿De qué se trata? -preguntó Boniatus.
-A lo mejor habéis leído algo. La semana que viene se celebra en nuestra ciudad las Primeras Jornadas Internacionales de Criminología y Derecho Penal… y habíamos sido invitados como ponentes.

Se alzaron algunos vítores entre el público, pero no tardásteis en daros cuenta del tiempo verbal.

-He recibido esta carta, os la leo: “Estimado señor Ryder, lamentamos notificarle que su plaza para las Primeras Jornadas Internacionales de Criminología y Derecho Penal ha sido ocupada por otra persona; la organización de las jornadas ha considerado que éste no es el mejor momento para contar con su presencia, dado que su recientemente adquirida mala prensa podría dañar la imagen pública del evento. Rogamos nos disculpe por avisarle con tan poca antelación”.
-¿Mala prensa? -preguntó Boniatus.
-Mendoza -gruñó Zalaya.
-Se ve que sus declaraciones a la prensa cuando el caso Duarte han tenido más repercusiones de las que pensábamos.
-No creo que haya bastado con eso -opinó Boniatus.
-Coincido, de aquello hace ya casi medio año. La organización de las jornadas lo habría visto antes y no nos habrían invitado. Lo que sugiere…
-… que “alguien” ha tenido el detalle de hacer notar a la organización ese artículo -concluyó Zalaya-. ¿Mendoza otra vez?
-Me apostaría la recompensa del Tesoro del Exiliado si ese dinero no fuera de todo el equipo.
-Genial. ¿y ahora qué hacemos?

Bajé la mirada con frustración. Pero al momento la volví a levantar, los ojos centelleando con una mezcla de astucia y malicia.

-Ahora, damas y caballeros -repliqué-, nos preparamos para volver al trabajo cuanto antes. Vamos a hacerlo lo mejor que sabemos, y vamos a asegurarnos de que la prensa lo sepa. Si quieren volver a hacernos esta jugada, tendrán que buscar las malas noticias en medio de todas las buenas. Oh, y… os quiero atentos a partir de ahora. La próxima vez que Mendoza meta la pata quiero que nosotros estemos ahí… aunque no lo utilicemos, pero quiero tener material guardado para cuando haga falta.

Volví a mi despacho, pero antes de cerrar la puerta a mis espaldas me volví a encarar a mis investigadores.

-La Sociedad del Misterio aún no ha cerrado sus puertas, equipo. Volverá a haber crímenes sin resolver, ¡y cuando eso ocurra, nosotros estaremos preparados!

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