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Interludio: LAS REDES DEL MISTERIO

—¡Sabes de sobra que eso es imposible! —protestaba al teléfono cuando se abrió la puerta de mi despacho—. ¡Necesito más tiempo!

Levanté la mirada del escritorio y vi a Zalaya en la puerta. Y aunque era imposible que estuviese oyendo la voz al otro lado del teléfono… en cierto modo, sabía que estaba siguiendo la conversación.

—Ya hablaremos —dije, y colgué.
—¿Interrumpo? —preguntó Zalaya.
—Dejémoslo en que me salvas la vida un rato. ¿Qué pasa, Zalaya?

Mi jefe de departamento de Declaraciones y Testimonios tomó asiento frente a mi escritorio. Dedicó un rápido escrutinio a mi despacho, bastante más rápido de lo que esperaba, bastante menos discreto de lo que pensaba él.

—Jack, seré sincero. Nos tienes algo preocupados.
—¿Por?
—Hace meses que no aceptamos ningún caso.
—Hace meses que la policía no nos ha necesitado —dije con un cierto deje de rencor en mi voz, lo bastante obvio como para verme obligado a rectificar—. Mira, Arjona no se ha encontrado con demasiadas dificultades últimamente, y cuando ha surgido algo, según me dicen, Mendoza ha metido la mano para mantenernos lejos. No aceptamos casos porque no nos llegan.
—El caso es que, últimamente, tampoco se te ve por aquí con demasiada frecuencia…
—Tengo… tengo cosas de las que ocuparme.
—Ya, lo he visto —dijo depositando sobre mi escritorio una captura de pantalla impresa.

Eché un vistazo.

—¿Y?
—¿Quién es Mycroft y por qué dirige nuestra página de Facebook?

Suspiré. Entonces algo en la pantalla de mi ordenador captó mi atención.

—Cuando fundé la Sociedad del Misterio —dije con aire distraído mientras hacía clic—, intenté reclutar a Watson. Me dijo que estaba demasiado ocupado por entonces. Un mes después le vi morir.
—Lo recuerdo.
—Lo recuerdas pero no lo sabes. Porque Watson no fue el único caso. Mycroft es un viejo amigo, lo bastante inteligente como para formar parte de la Sociedad y lo bastante ocupado como para quedarse fuera. Hace tiempo que quiero reclutarlo y siempre ha tenido que rechazar mi oferta.
—¿Qué ha cambiado ahora?
—Facebook. Cuando Mycroft supo que íbamos a abrirnos una página, me dijo que ese era un trabajo para el que sí que se veía lo bastante disponible.
—¿Y cómo es que te ha dado ahora por el Facebook? ¿Y pretendes que me crea que una página de Facebook que ni siquiera diriges tú es lo que te ha mantenido tan ocupado?

No respondí. Mis ojos bailaban rápidamente por la pantalla, al principio entrecerrados con interés, cada vez más encendidos.

—¿Jack?

Hice clic en un punto concreto de la pantalla, y comencé a escribir a toda velocidad.

—El Profesor ya está de vacaciones, ¿verdad? —pregunté.
—Jack, ¿me estás escuchando?
—La Sociedad del Misterio no es una agencia de detectives, Zalaya. Es una comunidad. Un punto de encuentro para mentes inquietas, para personas que quieren hacer algo productivo con su cerebro y ayudar a la comunidad. Facebook es una de las redes sociales más grandes del mundo, así que se ajusta perfectamente a nuestras necesidades. Llevo más de un año pensando en esto, y Mycroft me ha dado el empujón que me faltaba. A tu segunda pregunta diré “No”, y de momento es todo lo que voy a decir. Y necesito saber si Boniatus está operativo o no y, sobre todo, cuánto café ha dejado preparado para emergencias.
—¿A qué diablos viene…? —comenzó a protestar Zalaya, pero entonces lo comprendió.
—Así es, muchacho —asentí con media sonrisa.
—¿Para cuándo? —quiso saber.
—Bueno, el fin de semana le viene fatal, así que… para el lunes.
—¿Oficial o particular?
—Particular esta vez. A ver si nos sale mejor que lo del Exiliado.
—¿Lo anunciamos ya al equipo?

Me levanté con una sonrisa de oreja a oreja.

—Voy a colgarlo ahora mismo en el tablón —proclamé—. Nuestra gente se merece saber que el próximo lunes tenemos un caso.

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Interludio: EL PRIMER DUELO

Damas, caballeros…

… sé que he tardado en volver por aquí, y sé que os prometí sorpresas. En parte, me temo, el retraso se ha debido precisamente a dos de esas sorpresas… que están tardando más de lo previsto en estar listas, por lo que he decidido dejarlas aparte y volver a la actividad antes de que nos durmamos todos.

Sin embargo, como habréis leído, he dicho “dos de esas sorpresas”; lo que sugiere que hay más de dos.

Y una de ellas es la que podéis ver asomándose por el título de este post.

Como muchos de vosotros ya sabéis, todo investigador de la Sociedad del Misterio que logra resolver tres casos entra a formar parte de la junta directiva de la Sociedad, haciéndose (si lo desea) con un departamento, participando activamente en la investigación preliminar y teniendo el derecho de publicar y dirigir sus propios casos. Así fue como nuestros ilustres Profesor Boniatus, Jnum y Zalaya lograron llegar a donde están ahora.

Pues bien, tenemos entre manos una situación algo… digamos “inusual”. Ya que, en estos momentos, son dos los investigadores que se encuentran a un solo caso del ascenso. Dos detectives con dos casos cerrados cada uno, dos miembros de la Sociedad disputándose el puesto.

Esta situación sin precedentes requiere medidas nunca antes utilizadas. Por explicarlo en pocas palabras… vamos a tener un Duelo de Detectives. Un caso policial antiguo, cabos sueltos que nunca llegaron a atarse, que nuestros dos investigadores en contienda tendrán que resolver ellos solos. El vencedor se alzará con el ascenso. El perdedor tendrá que esperar a su próxima oportunidad.

¿Dónde os deja eso a los demás?

Bueno, como ya he dicho, en este próximo caso sólo podrán participar los dos contendientes. Arjona ya me ha hablado de otro caso al que lleva unos días dándole vueltas, así que en cuanto se resuelva el duelo saltaremos todos a la palestra. Pero mientras tanto… quiero conocer vuestras opiniones del caso, pero de una forma un poco diferente. Podréis seguir la investigación de nuestros dos contendientes, sacar vuestras propias deducciones sobre el caso… y votar por quien creáis que está más cerca de la solución. En todo momento podréis cambiar vuestros votos, según el cariz que tome la investigación.

Esta es sólo una de las sorpresas que os tengo reservadas. En los próximos días haré una breve presentación de cada uno de los contrincantes. Después de eso, y antes de que termine esta semana… comenzará el duelo.

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Interludio: EL PRECIO DE LA FAMA

Siempre he acostumbrado a ser una persona con la cabeza fría. En opinión de más de uno, lo que soy es desesperantemente tranquilo.

Así que, cuando aquella maldición tronó desde mi despacho y por todas las oficinas de la Sociedad del Misterio, no es de extrañar que todo el mundo mirase en dirección a mi puerta. Salí del despacho colérico, mascullando aún la misma maldición y con un papel arrugado en la mano.

-¿Qué ha pasado, jefe? -preguntó Zalaya-. ¿ya ha vuelto a bajar de posiciones en el concurso de la cerveza?

Fulminé con la mirada a nuestro más reciente jefe de departamento, que inmediatamente se encogió en un silencioso gesto de disculpa. Luego me disculpé con él, que tampoco tenía la culpa… pero si las miradas matasen, en ese mismo momento habríais tenido un nuevo caso.

Suspiré.

-Supongo que ya da igual. Os estaba preparando una sorpresa para la semana que viene, pero nos la acaban de estropear. Así que imagino que ya os lo puedo contar.
-¿De qué se trata? -preguntó Boniatus.
-A lo mejor habéis leído algo. La semana que viene se celebra en nuestra ciudad las Primeras Jornadas Internacionales de Criminología y Derecho Penal… y habíamos sido invitados como ponentes.

Se alzaron algunos vítores entre el público, pero no tardásteis en daros cuenta del tiempo verbal.

-He recibido esta carta, os la leo: “Estimado señor Ryder, lamentamos notificarle que su plaza para las Primeras Jornadas Internacionales de Criminología y Derecho Penal ha sido ocupada por otra persona; la organización de las jornadas ha considerado que éste no es el mejor momento para contar con su presencia, dado que su recientemente adquirida mala prensa podría dañar la imagen pública del evento. Rogamos nos disculpe por avisarle con tan poca antelación”.
-¿Mala prensa? -preguntó Boniatus.
-Mendoza -gruñó Zalaya.
-Se ve que sus declaraciones a la prensa cuando el caso Duarte han tenido más repercusiones de las que pensábamos.
-No creo que haya bastado con eso -opinó Boniatus.
-Coincido, de aquello hace ya casi medio año. La organización de las jornadas lo habría visto antes y no nos habrían invitado. Lo que sugiere…
-… que “alguien” ha tenido el detalle de hacer notar a la organización ese artículo -concluyó Zalaya-. ¿Mendoza otra vez?
-Me apostaría la recompensa del Tesoro del Exiliado si ese dinero no fuera de todo el equipo.
-Genial. ¿y ahora qué hacemos?

Bajé la mirada con frustración. Pero al momento la volví a levantar, los ojos centelleando con una mezcla de astucia y malicia.

-Ahora, damas y caballeros -repliqué-, nos preparamos para volver al trabajo cuanto antes. Vamos a hacerlo lo mejor que sabemos, y vamos a asegurarnos de que la prensa lo sepa. Si quieren volver a hacernos esta jugada, tendrán que buscar las malas noticias en medio de todas las buenas. Oh, y… os quiero atentos a partir de ahora. La próxima vez que Mendoza meta la pata quiero que nosotros estemos ahí… aunque no lo utilicemos, pero quiero tener material guardado para cuando haga falta.

Volví a mi despacho, pero antes de cerrar la puerta a mis espaldas me volví a encarar a mis investigadores.

-La Sociedad del Misterio aún no ha cerrado sus puertas, equipo. Volverá a haber crímenes sin resolver, ¡y cuando eso ocurra, nosotros estaremos preparados!

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