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Los Archivos de la Sociedad del Misterio: Casos 00011 a 00020.

Veinte casos ya.

Quién lo iba a decir.

Llevamos poco más del año y medio de vida, pero ya hemos conseguido resolver veinte casos. Asesinatos, mayoritariamente, pero ha habido un poco de todo. Y aunque hemos tenido algún que otro varapalo, nuestras victorias siguen superando con creces a nuestras derrotas,

¿Queréis ver cómo hemos ido evolucionando? Los más veteranos recordaréis que ya se hizo un seguimiento de nuestros diez primeros casos; me gusta saber cómo les ha ido a aquellos en cuyas vidas nos hemos cruzado. Ahora que hemos llegado al número 20, creo que no estaría de más hacer una segunda etapa.

¿Qué os parece? ¿Os veis con ganas de saber qué hemos hecho?

Casos nº 00011 y 00012: La escena sin crimen y El crimen sin escena

David Jiménez volvió al centro psiquiátrico El Arca. Tras haber sido secuestrado, torturado, mutilado y enterrado vivo, el pronóstico de su psiquiatra no es demasiado favorable; puede que nunca se recupere del todo. Contra todo pronóstico, Cecilia Ordóñez (ex-cuñada de Jiménez, recordaréis que se trató de un fratricidio) ha comenzado a visitarlo en El Arca. Aún está por ver si esto le beneficiará en algo. Paralelamente a esta historia, conviene recordar que fue aquí donde primero tuvimos conocimiento del doctor Marcos Noriega, que imprudentemente dejó sus huellas en el instrumental quirúrgico empleado para amputar la mano de Jiménez.

Caso nº 00013: El Rabo del Diablo
Jenny Thales (o Vanesa Hurtado) finalizó con éxito el rodaje de “El Rabo del Diablo” (nos envió una copia dedicada). Actualmente vuelve a compartir plató con su compañera “desaparecida” Thathyana en una espectacular superproducción, “Los caballeros las prefieren furcias”. Iba a ser un musical, pero después de un par de meses de ensayos llegaron a la irrefutable conclusión de que no saben cantar. El abogado de Herminio Hinojosa (su admirador) ha conseguido reducirle la condena, así que saldrá en libertad de aquí a una semana. Mantendré un ojo puesto en él, por si vuelve a las andadas, pero parece que ha quedado bastante desencantado con su “musa”. En cuanto al Padre Piña… os sorprendería la cantidad de veces que ese hombre ha intentado aparecer en los medios para condenar esta película.

Caso nº 00014: Desde Prusia con amor

Fue a raíz de este caso que empecé a modificar, varias veces, las medidas de seguridad de nuestras oficinas. La primera vez, sin lugar a dudas, que A. K. nos la ha jugado. La familia de Verónica Salas sigue desolada por la muerte de la joven, pero han decidido aceptar la versión de la policía y creer que Verónica se suicidó. He intentado hablar con ellos, pero no han querido escuchar. Quizás más adelante se sientan más preparados. Aquí nos ganamos un nuevo adversario, el inspector Mendoza, de quien (como ya habéis visto recientemente) aún no hemos oído la última palabra. Seguimos sin saber quién era el misterioso novio de la víctima, pero viendo los pasos que ha seguido el doctor Noriega… no descartaría que fuese A. K.

Caso nº 00015: El último número del Gran Lipari

Enrique Martos, el joven asesino, cumple condena con orgullo. Sigue convencido de que hizo lo correcto. Su hermana, Melanie Roca, no ha vuelto a actuar. No se alegró demasiado de volver a verme, no nos culpa pero no puede evitar que nuestra presencia le traiga malos recuerdos. Álvaro Membrive se está tomando un año sabático para elaborar nuevos trucos mientras intenta encontrar a otro mago que quiera contratarle… pero el rumor de que su último número mató al Gran Lipari, aunque injustificado, genera tanto morbo como desconfianza. Rosalía Casauz ha abandonado el mundo de la magia y ha decidido probar suerte en otro campo… por recomendación mía, ahora trabaja en los vestuarios de “Muerte entre las Sombras”, la nueva ópera de Juan Nicolaides.

Casos nº 00016 y 00017: Escalera al Cielo (Primera y Segunda parte)

Los padres Piña y Froilán siguen oficiando en la parroquia de San Conrado. Piña ha admitido que su sacristán era inocente del asesinato de que se le acusaba, pero no por ello ha empezado a tratarlo mejor. Con todo, el padre Froilán ha decidido agradecer y aprovechar esta segunda oportunidad, y no dejarse derrotar por el temperamento del padre Piña. Loreto de León, la verdadera asesina, se está tomando un tiempo de descanso entre rejas… sabe que no debería sentirse aliviada, pero lo cierto es que, ahora que sabe que su ex-marido no podrá hacerle nada, no puede por menos que respirar tranquila. Con todo, lamenta haber asesinado al detective Radenauer. Se arrepiente, pero dice que no se le ocurría otra solución. A título personal, he empezado a investigar en mis ratos libres el caso de Sebastian Müller, el ex de Loreto de León, a ver si puedo encontrar algo que ayude a la policía alemana; es más un hobby que otra cosa, ya que estoy bastante convencido de que alguien como Müller habrá cubierto perfectamente sus huellas.

Caso nº 00018: Muerte en directo

Con Juani Reyes entre rejas, su hija Bárbara Molina abandonó el estudio. La presión de que sus compañeros supieran que su madre era una asesina pudo con ella. A día de hoy, está negociando con un viejo amigo suyo para montar entre los dos un estudio de fotografía. Paloma Cañizares ha seguido trabajando como azafata en otro programa, pero se ve que haber posado desnuda para Simón Yagüe le desagradaba aún menos de lo que parecía porque hace poco ha sido portada de una revista erótica (cuando hablé con ella me ofreció un ejemplar firmado para nuestro almacén de pruebas). La cadena ha decidido sustituir a Yagüe por un nuevo presentador, también de nombre Simón (para no tener que cambiar el título del programa). El nuevo Simón ha resultado ser un imitador del anterior, y el público lo ha notado, así que la audiencia se está resintiendo.

Caso nº 00019: Un regalo en la oscuridad

Mendoza se sigue regodeando porque no pudimos cerrar este caso. Lo cual, sinceramente, debería darnos igual. Gracias a nuestros avances, Arjona ha logrado elaborar una lista de posibles sospechosos del secuestro de Carlos Duarte en Correos, y probablemente también de su asesinato. Les están siguiendo la pista, tenemos su palabra de que nos avisarán cuando sepan algo. He investigado el apellido Korv, podría estar vinculado con las mafias de Europa del Este, pero de momento no tenemos gran cosa.

Caso nº 00020: El rufián, la furcia y la estantería

Tal y como Zalaya se temía, la fiscalía no ha sido demasiado clemente con Daniel Inclán. Al cargo de homicidio involuntario se han sumado acusaciones por obstrucción a la justicia, calumnias y premeditación. Aún se está discutiendo si se puede admitir este último cargo cuando lo primero que dice la lista es que el homicidio fue involuntario, y la fiscalía y la defensa debaten si declarar ante la policía que se sospechaba de Chema Pascual y de Yolanda Ferrán cuenta como calumnia o como difamación, pero lo cierto es que, salvando las discusiones terminológicas, a Inclán le habría venido mejor confesar desde el principio. En cuanto a la encantadora pareja de sospechosos… bueno, se libraron de ser encerrados por un crimen que no cometieron. Así que ahora ya les han podido encerrar tranquilamente por otros cinco crímenes que sí que han cometido… el allanamiento de la Caja del Porno entre ellos.

Ahí tenéis. La Historia de la Sociedad del Misterio hasta ahora. Como podéis ver, no hemos pasado precisamente inadvertidos… vuestro buen trabajo ha dejado su huella.

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Apéndice al caso nº 00019: TRIUNFOS Y CAÍDAS

La mía era la única mesa de la cafetería que llevaba ocupada desde la hora de su apertura. Creo que, hasta la fecha, ninguna otra reunión con Arjona me había producido tal impaciencia. Su llamada decía que habían logrado hacer avances en el caso Duarte, nuestra más reciente espina clavada… probablemente el único caso en el que todos lamentamos haber recibido un regalo en la oscuridad. Arjona no había querido revelarme en qué consistían dichos avances, pero sí que me había dicho que me iban a resultar interesantes.

Con todo, no era esa la principal razón de mi impaciencia.

—Perdón por el retraso —dijo cuando finalmente se presentó—. Quería dejarlo todo bien atado antes de venir a contártelo… Café solo, gracias. ¿Tú quieres algo?
—Yo ya me he tomado un té.
—Me lo cobra a mí, caballero. Bien, Jack no te quiero tener en vilo más tiempo… teníais razón. Noriega fue quien citó a la víctima en Correos.
—¿Cómo lo habéis verificado?
—Bueno, en parte porque tenemos más recursos y las manos menos atadas de lo que las teníais vosotros… pero en parte también siguiendo vuestros pasos. ¿Recuerdas cómo confirmasteis que Noriega era el hombre de las fotos?
—Enseñando la foto de la orla a la señorita Vivo.
—Decidimos probar suerte en Correos, y tres funcionarios lo identificaron. Al parecer estaba bastante alterado cuando abrió el apartado de correos hace siete meses. Se le puso farruco a una jubilada sólo porque, decía, le miraba demasiado. Por desgracia no estaban demasiado seguros… piensa que hace ya más de medio año de aquello.
—¿Entonces?
—Bueno, ahí es donde entra la baza de nuestros recursos. Sabiendo que existía un motivo razonable para sospechar de la presencia de Noriega en esta historia, ya podíamos seguir investigando más a fondo. La tarjeta del móvil estaba registrada a su nombre, fue comprada en una tienda de telefonía en Marbella hace dos meses. Supongo que por eso quería que Duarte la destruyera después de usarla… ahí hemos tenido suerte… ah, gracias, cóbrese, caballero.

Dio un sorbo a su café antes de volverlo a soltar sobre la mesa. Demasiado caliente. Por alguna razón, a Arjona le gustaba saborearlo recién hecho… pero luego se esperaba a que estuviese más frío para terminar de tomárselo.

—Boniatus lo hace mejor, la verdad sea dicha —sentenció—. En fin. Ahora que sabíamos seguro que Noriega estaba en el ajo, las sospechas sobre vosotros quedan oficialmente disueltas. La postura oficial de la policía es que habéis sido víctimas colaterales. El cadáver apareció en vuestras oficinas, pero no había nada más que os vinculase con él… y la aparición en escena del fugitivo doctor Noriega, su antiguo mentor y quien le condujo a Correos el día de su muerte, le convierten en un sospechoso mucho más plausible.
—¿Crees que lo hizo él?
—No directamente —agregó sacando unas fotografías impresas—. Esto lo tomó la cámara de seguridad de la oficina de Correos. No sabemos quién es, pero definitivamente no es Noriega.

Observé las imágenes mientras Arjona se acababa el café. La calidad era bastante deficiente, pero podía verse con claridad a un hombre grande, musculoso y con la cabeza afeitada, observando a Duarte por encima de su periódico. Las últimas fotos lo mostraban saliendo de Correos justo detrás del doctor. En ningún momento se acercaba a ningún mostrador.

—¿Quién va a Correos para no acercarse a los mostradores? —reflexioné en voz alta.
—Exacto. Ese hombre es, ahora mismo, nuestro sospechoso número uno. Por desgracia no muestra nunca su cara a la cámara con claridad, pero ahora tenemos una descripción.
—¿Un asesino a sueldo?
—Cuando cojamos a Noriega le preguntaremos. Uf, qué tarde… Jack, tío, tengo que irme, mis padres vienen de visita y su avión llega en veinte minutos. Pero tenía que venir a contarte que habíais acertado.
—Se lo comunicaré a mi equipo, Arjona, gracias.
—A vosotros por facilitarnos el trabajo.

Se levantó de la silla, me estrechó la mano con una sonrisa y se dio la vuelta.

—¡Arjona! —le llamé.
—Dime.
—¿Tienes intención de explicarme esto —pregunté poniendo un ejemplar del periódico de hoy sobre la mesa—, o prefieres que me lo invente?

Los ojos de mi amigo se clavaron en el titular que había subrayado con rotulador. “LA SOCIEDAD DEL MISTERIO ES APARTADA DE UN CASO. Fuentes policiales declaran que su vinculación con el crimen puede haber puesto la investigación en peligro”. Su mirada se apagó un poco, pero no mostró sorpresa alguna.

—Aquí los dos somos detectives, Jack —me dijo—. ¿Tú qué crees que ha pasado?
—Mendoza.
—Pues ahí lo tienes. Ni siquiera él piensa que lo hicierais vosotros… pero os tiene atravesados desde lo de Verónica Salas. Puedo hablar con el comisario si quieres para que le…
—Tranquilo, sois compañeros, no te voy a pedir que lo traiciones, te la jugarías demasiado. Sólo quería saber si había sido él.

Nos despedimos. Arjona salió de la cafetería sin dejar de mirar el reloj. Yo no podía apartar los ojos del periódico.

Mala prensa. Ya nos iba tocando, supongo; y creo que, en el fondo, sabía desde el principio que encontrarnos con el cadáver en nuestro propio territorio no podía traer nada bueno. Pero saber que venía de un policía incompetente al que nosotros mismos habíamos puesto en tela de juicio… Podía aceptar la mala prensa cuando era completamente merecida, pero aquello olía a venganza.

Y por supuesto, estaba el otro detalle que no le había contado a Arjona. Quizás cuando lo pillara con más calma, pero antes necesitaba saber si la policía, en general, confiaba aún en nosotros.

Saqué del bolsillo de mi gabardina el sobre que nos había llegado hoy en el correo. Un sobre con un remitente identificado sólo con dos letras, sin dirección. Un sobre que Jnum ya había procesado a conciencia, al igual que su contenido, sin ningún éxito. Extraje la carta de su interior y la leí una vez más:

“No está mal señores. Y señoras. Interesantes aportes los que han hecho. Tendrán más noticias mías. Sin duda lo que ocurrió a este joven médico fue trágico, desde luego. E innecesario en principio. Pero todo el mundo es responsable de lo que hace. El “yo no quería”, el “si lo hubiera sabido” no vale. No es justo. Pero dejémonos de éticas y retóricas.
Una pena que les hayan sacado del caso. Señores, a más ver.

A.K.”

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Caso nº 00014: DESDE PRUSIA CON AMOR (CERRADO)

La Sociedad del Misterio no había abierto aún ese día. El zumbido de los ordenadores y equipos era lo único que se dejaba escuchar.

Poco a poco la vida retornó a tomar pulso en los pasillos y despachos. Jack Ryder, investigador jefe, fue el segundo en llegar. Cruzó el pasillo tras encender todas las luces y se dirigió al despacho con el correo en la mano. Al poco el Profesor Boniatus llegó con una taza-termo y fue a ver directamente a Ryder. Jnum entró como una bala, periódico en mano y se dirigió igualmente al despacho de Ryder donde éste conversaba con Boniatus.

A las 10:13 minutos Ryder se incorporó de súbito y salió sin dar explicaciones hasta el panel de corcho donde los miembros de la sociedad se dejaban notas, se colgaban los memorándums, invitaciones y esas cosas.

Sacó de uno de sus bolsillos un guante de látex y cogió una nota. Con un gesto le indicó a Boniatus que trajera una bolsa de pruebas.

Con grueso rotulador negro de alcohol habían escrito:

Tercer cajón, archivador azul de su despacho, señor Ryder.

Efectivamente en el cajón había algo: un pequeño dossier, fotografías y una llave. Tras investigar un poco, Ryder descubrió que se trataba de la escena de un crimen. Pero lo que realmente le inquietó fue el post-it adherido a la cubierta del dossier, con las palabras “Feliz aniversario” mecanografiadas.

— o —

Tras ponerse en contacto con la policía, ésta le remitió al oficial que se hacía cargo de la investigación, Evaristo Mendoza, un leonés de unos cincuenta años, con un grueso bigote blanco y ojillos de ratón.

—La víctima por la que usted pregunta, señor Ryder se llamaba Verónica Salas, hija de una acaudalada familia de empresarios catalanes. Estudió —aspavienta unos papelazos, hasta coger uno de ellos—… Bioquímica, licenciada Cum Laude. Trabajó un tiempo para una empresa de desarrollo de prótesis de cirugía plástica. Allí conoció a un doctor que la reclutó para su equipo, pero lo dejó a los seis meses.

»Hasta la fecha de su muerte trabajó en una empresa química dedicada al desarrollo de tintes. Ahora viene lo curioso. Esta muchacha trabajando en un lugar repleto de productos tóxicos muere en su casa por intoxicación cianhídrica superaguda. O sea, cianuro, de lo más clásico. Muerte en unos dos o tres minutos.

»Barajamos la hipótesis del suicidio en primera instancia. No tenía problemas con el trabajo ni sus compañeros, pero sabemos que arrastraba unos serios problemas personales de índole más profunda: hacía un año había interpuesto una demanda por acoso sexual contra su anterior jefe que fue desestimada. Hace cosa de un mes el caso se retomó, después de un carpetazo de seis meses.

»Necesitó atención psiquiátrica después del acoso sexual, y posteriormente sufrió una leve depresión. Se incorporó a su nuevo puesto de trabajo perfectamente, pero los compañeros dicen que la veían distante, huidiza y fría. Nunca hablaba con nadie ni se relacionaba.

»El portero de su bloque afirma que tenía novio, si bien no pudo darnos una descripción útil. Se escucharon gritos en su apartamento dos días antes de su muerte y un fuerte portazo. Hecho una furia, dice el portero, que se fue el novio, calándose el sombrero. Y dos días después, muerta.

»Encontramos una poma de ácido prúsico, cianuro, en la mesita de café del salón. Una pena. Era hermosa la chavala.

El viejo policía le tiende a Ryder una carpeta con el archivo del caso y se despide de él cordialmente.

Boniatus le espera en el coche.

—¿Qué tal ha ido? —pregunta.
—Mucha información que no nos dice nada y mucha colaboración sobre un caso caliente en el que nadie investiga en condiciones. Demasiados cabos sueltos para mi gusto.
—¿Pero tenemos algo?
—Indicios de que podría ser un suicidio. Es difícil envenenarse con ácido cianhídrico sin darse cuenta, el olor del cianuro es demasiado característico, y más cuando trabajas habitualmente con él. La ausencia de nota de suicidio es algo contradictoria, pero no todos los suicidas se despiden.
—Entonces… ¿aceptamos el caso o no?

Ryder ojeaba distraído las fotos del expediente cuando se topó con una de la cocina. Nevera abierta. Bolsas de la compra sobre la encimera. Armarios de cocina abiertos.

—Creo que vamos a echarle un vistazo —respondió—. Sé que no es concluyente, pero ¿quién se suicida dejando la compra a medio colocar?

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Apéndice a los casos nº 00011 y nº 00012: LA PREGUNTA EN EL AIRE

El cursor parpadeaba en la pantalla de mi ordenador. Había reunido toda la información que teníamos sobre nuestros últimos dos casos. Pero seguía siendo insuficiente. No teníamos nada sobre A. K. Ni su edad, ni su sexo, ni su aspecto físico, ni tan siquiera su nombre completo. No sabíamos si trabajaba solo o con alguien. No sabíamos de dónde era. No sabíamos nada, salvo que por alguna extraña razón nos había escogido como compañeros de juegos.

Me sacaba de quicio. Nunca habíamos encontrado a nadie que cubriera tan bien sus huellas. Claro que, técnicamente, a éste tampoco lo habíamos encontrado aún.

—Jack —saludó Boniatus entrando en mi despacho.
—Profesor… ¿tienes buenas noticias?
—En parte. Verás, en la escena había huellas de pisadas, me llevará algún tiempo cribar las nuestras y las de la policía, pero quizás así podamos llegar a descubrir la estatura, puede que el sexo, de…
—… de quienquiera que llevase allí a David Jiménez personalmente —interrumpí—. No me mires así, profesor, sólo expongo la realidad. No sabemos quién hizo el trabajo. No sabemos si A. K. fue sólo el organizador.
—Sabemos un par de cosas, Jack. ¿Recuerdas al doctor Noriega?
—El que le hizo la autopsia a la madre, sí.
—Pues en la cripta encontramos instrumental quirúrgico. Se ha determinado no sólo que la sangre encontrada en él es de David Jiménez y su madre… sino que las huellas dactilares encontradas en el estuche y en los mangos son de Noriega.
—Lo que explica por qué cogió las vacaciones tan convenientemente.
—Hay más. Una de las herramientas, perdona pero no me acuerdo del nombre, fue la que se utilizó para cauterizar la mano cortada. Pero adivina qué más.
—¿La letra J?
—Exacto. Irene lo ha confirmado. Se grabó a fuego con la misma herramienta.
—¿Dirías que la amputación se produjo en esa misma cripta?
—No, me temo que esa escena aún está por encontrar.
—Entiendo. Lo que me estás diciendo entonces es que Marcos Noriega está implicado en los crímenes de A. K. Que podría ser él, pero que no tenemos pruebas.
—Podría ser él, en efecto. He hecho algunas averiguaciones más.
—Cuenta.
—El doctor Noriega estuvo de vacaciones en fin de año. Hasta ahí todo normal, sólo que su secretaria no sabe dónde fue. De momento, la gente con la que he hablado tampoco lo sabe.
—Lo que quiere decir…
—… que no tiene coartada para el asesinato de Arturo Quintanilla. La primera vez que nos enfrentamos a A. K.
—Sigue sin ser concluyente, pero es un paso. Investigaré si existía alguna relación entre los Jiménez, Arturo Quintanilla y Jorge Brezo. Tiene que haber un motivo detrás de estos crímenes.

Boniatus asintió y se dio la vuelta. La puerta de mi despacho se cerró a sus espaldas.

Inmediatamente me levanté y le seguí.

—¡Profesor! —le llamé.

Algunos investigadores de la Sociedad del Misterio, que estaban presentes, se volvieron para mirarle a él. Boniatus se giró y se encaró conmigo.

—Buen trabajo. Y no sólo con esto. Buen trabajo coordinando tu primera investigación.
—Fue fácil —respondió Boniatus con una amplia sonrisa—. He tenido un buen equipo.

Volví a mi despacho, dejando a Boniatus sumergido en aplausos. Se había ganado ese pequeño triunfo; pero yo aún tenía que terminar el trabajo, si es que alguna vez era capaz de terminarlo. La nueva información que el Profesor había recopilado sería útil, sin duda, pero aún no nos llevaba a nada concluyente, y lo sabía. La añadí al informe, pero no podía dejar de pensar que algo se nos escapaba.

En fin. Abrí otro documento y lo mandé a la cola de impresión. Rápidamente, la lista final de condecorados en el caso doble de la Escena sin Crimen y el Crimen sin Escena apareció por la bandeja de la impresora. La recogí y volví a salir de mi despacho, en dirección a la hilera de tableros de corcho del centro de las oficinas, como de costumbre, y lo clavé en el mismo centro, a la vista de todo el mundo.

Pero no volví inmediatamente a mi despacho. Paralela a la hilera de tableros de corcho hay una segunda hilera de pizarras blancas. Cogí un rotulador, lo agité para estar seguro de que escribiría, y dejé una pregunta para mi equipo de investigadores:

¿POR QUÉ LO HA HECHO?

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