ESPECIAL HALLOWEEN – El Club de Medianoche

El viento gélido arrastra aún el eco de las campanadas de la medianoche. Doce lúgubres tañidos que descienden desde lo alto del campanario, reptan por toda la ciudad ahogando el ruido del tráfico y flotan hasta penetrar en lo más alto de un moderno edificio de oficinas, hasta la mismísima planta trece.

La pálida luz de la luna dibuja con trazos negros la sombra de las persianas por toda la oficina. Los cristales vibran con el viento, tiemblan, truenan.

Sólo tengo la ayuda de una vieja linterna, cuya luz trémula consigue a duras penas arrancar detalles a las tinieblas. El frío de la noche atraviesa mi gastada gabardina y se agarra con furia a mis huesos.

Es festivo. Es medianoche. Las oficinas de la Sociedad del Misterio deberían estar desiertas. Pero un detective no puede ignorar a sus sentidos, y los míos me decían que las cosas no eran como debían ser.

Pies arrastrándose en la oscuridad. Miradas que se clavan en mi nuca para desaparecer cuando las busco. Susurros, jadeos, voces ahogadas en el silencio. Jirones de sombra arrancados de las tinieblas que se mueven furtivamente a mi alrededor.

Sé que debería estar solo. Pero no lo estoy. Estoy rodeado. No los veo, pero sé que están ahí.

Me siento. Respiro hondo. Coloco estratégicamente la linterna bajo mi barbilla, y pronuncio las palabras:

—Queda inaugurada la primera sesión del Club de Medianoche de la Sociedad del Misterio. Durante los próximos siete días no vamos a trabajar. No vamos a investigar ningún caso. Vamos a sentarnos en la oscuridad, y vamos a contar historias de miedo.

No hay respuesta. Una duda recorre mi columna vertebral y se agarra a mi cerebro: ¿y si no están ahí? ¿Y si mis sentidos me han engañado?

¿Y si no? ¿Y si hay algo ahí, pero no lo que yo creo que hay?

Es entonces cuando, lentamente, una a una, las linternas de los investigadores de la Sociedad del Misterio que me acechaban en las sombras se van encendiendo bajo sus rostros, semblantes fantasmagóricos que aparecen de pronto entre las sombras. Cinco velas, una por cada jefe de departamento, se encienden en el centro de la habitación, y ahora la luz es la suficiente para poder ver que estamos todos sentados en círculo.

Sonrío.

—Bien. ¿Quién empieza?

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17 comentarios

Archivado bajo El Club de Medianoche, Halloween

17 Respuestas a “ESPECIAL HALLOWEEN – El Club de Medianoche

  1. Buenas noches compañeros. Mi relato no se si da miedo, pero digamos que es “inquietante”. Se titula La caja de música y espero que os guste.

    La caja de música. (por Jengibre)
    Cada día pasaba por esa calle. A la salida del colegio. Aunque le suponía caminar un poco más. Pero tenía que pasar por el bulevar, tenía que detenerse frente al escaparate de esa tienda. Y allí, en primer plano estaba lo que tanto deseaba. La preciosa caja de música. El regalo que siempre deseaba, pero que nunca recibía. Brillaba, iluminando todo el escaparate. Blanca, con pequeños arabescos dorados. Y esa música, que a pesar del grosor del cristal que la apartaba de ella, podía escuchar con toda claridad. Una música mágica e hipnótica. Sin saber muy bien porqué tuvo el impulso de cogerla. Miró a través del cristal y no vio al vendedor. Se decidió, abrió la puerta, emocionada por poder tener lo que tanto deseaba. La música parecía guiarla en su camino. La puerta se cerró con un golpe seco, pero eso no importaba, sólo deseaba tener la caja en sus manos. De puntillas, se aferró al estante, rozando la caja. Cuando por fin pudo alcanzarla, sintió como si una poderosa fuerza tirara de ella hacia el interior de la caja. Sintió como cayera por un túnel oscuro, perdiendo el conocimiento. Al despertarse, volvía a escuchar la melodía que tanto le gustaba. Pensó que todo había sido un sueño. Abrió los ojos. Un grito escapó de su garganta cuando descubrió que estaba rodeaba de espejos y en ellos reflejada la imagen de una pequeña bailarina, bailando sin parar la mágica melodía.

    ¿truco o trato? 😀

  2. ¿¿¿aquí cuenta eso del primer golpe??? 😀

  3. Mauser Still

    Muy bueno Jack. Aprovecho para disculparme por irme a medias de la última investigación: la vida real se ha metido de por medio, y esta vez con una pistola y un saco 🙂

    No se me da muy bien contar historias de terror: voy a pasar el turno mientras pienso una en condiciones

  4. Sobre la ciudad ha caído un velo de negrura. Está lloviendo. Todos estamos arrebujados en nuestros abrigos, intentando entrar en calor o bien defendernos de aquellos peligros a los que no podemos hacer frente con una lupa y un equipo de huellas dactilares. El miedo y el frío calan hasta los huesos.

    La ronda ha comenzado. Y yo me sumo a ella. En cuanto esté preparado, a semejanza del club de los martes, contaré mi historia.

    Hasta entonces, investigadores: cuidado con las pesadillas que yacen en la oscuridad de los corazones del mounstruo más antiguo y más terrible. Porque al volver la vista hacia nuestros páramos helados, sabemos que cientos de ojos anaranjados, propios de bestias, nos contemplan en la espera de ver que les demos lugar. Cuidado, podéis llevaros un susto.

  5. Hetty Callahan

    Buenas a todos, siento no haber estado en el último caso, pero la vida real es así. Me encantan estas fechas, las historias de miedo, las castañas, más historias de miedo, bizcochitos. Voy a buscar entre mi repertorio alguna historia de miedo que contaros, me hace ilusión compartirlas con vosotros. Solo que antes me gustaría preguntar por la extensión que pueden tener como máximo, tampoco quiero aburrir a nadie ;). Me quedo mientras aclarando la voz para que suene alta y clara.

  6. Mr. Zalaya

    Historias de terror… Soy un negado para eso, pero acabo de pagar 45 euros por una botella de Vodka.

    Eso asusta, ¿no?

  7. Lilly Christie

    *Casi de forma ceremonial, Lilly toma la linterna que coloca bajo su barbilla. Las sombras que lanza el haz de luz sobre su rostro impide ver si tras los cristales de sus gafas lleva los ojos abiertos o cerrados. Luego de un minuto, inicia.*

    La noche había llegado, fría y solitaria. Era la tercera vez que Roselle se adentraba a aquella casa abandonada, escapando de los tormentos de su propio hogar. La hematoma del cuello seguía oscura, y un nuevo corte cerca de los ojos le hacía llevarse la mano hacia ellos, limpiando la sangre goteante. Bud no la encontraría allí.

    Acurrucada junto a la chimenea enmohecida, la niña tarareaba quedamente una vieja canción, de la cual nunca aprendió el nombre. Estaba tranquila, por fin. El viento se coló por la ventana, la madera desvencijada chirrió. Roselle se detuvo, alerta. La escalera. Alguien ascendía por la escalera. Sabía que era él. El olor a alcohol comenzó a extenderse por la sala, mientras la niña se escondía entre las cenizas. Si cerraba los ojos, quizás, quizás, no la vería…

    La puerta se abrió. Pom. Pom. Pom.
    Roselle no quería, pero podía escuchar su corazón delatarle. Pupum… Pupum…Pupum…

    Una mano que se adelanta. El filo de un cristal mal cortado. Un grito de terror.

    Bud yace en el suelo, la garganta cercenada. Roselle observa su mano ensangrentada; observa el padre y mentor, mientras la sangre se desliza sobre la tabla. Ha ganado.

    -¿Puedo… puedo salir ya?- Su voz inocente se dirige hacia el techo. Nadie responde, o al menos no en voz alta. En la sangre, dedos invisibles dibujan unas letras. “No”, lee la niña. “Es mi turno ahora”.
    .
    .
    .

    La noche había llegado, fría y solitaria. Era la tercera vez que Bud se adentraba a aquella casa abandonada, escapando de los tormentos de su propio hogar. La hematoma del cuello seguía oscura, y un nuevo corte cerca de los ojos le hacía llevarse la mano hacia ellos, limpiando la sangre goteante. Roselle no lo encontraría allí…

    *Lilly apaga la linterna, uniéndose a la oscuridad con sus compañeros.*

  8. Jack, Mycroft, compañeros… me gustaría anunciaros una cosa que me hace mucha ilusión. ¡¡¡¡¡van a leer un relato mío por la radio!!!!
    Será esta noche en el programa La noche encendida, en Kiss fm. Lo leerán en la sección “relato en 200 palabras”, entre las 22:20 y las 22:40.

  9. Parmacenda

    ¡Enhorabuena Jengibre!
    Me lo apunto para ponerme la radio esta noche y escucharlo!

  10. Mi más sincera enhorabuena, Jengibre. A esa hora espero estar en casa, o sea que intentaré escucharlo; y si lo puedes grabar y me lo pasas… esto va directamente a “La Sociedad del Misterio en los Medios” 😉

    Dicho esto, os comento un par de cosillas más:

    1- Veo que no ha habido demasiada participación en este Club de Medianoche; ¿queréis que os deje una semana más?
    2- Me comunican que el cortometraje cuya banda sonora compuse ya está en youtube. Si queréis echarle un ojo (a mí personalmente me interesa más que le echéis una oreja, pero entiendo que el director y el reparto tendrán otra idea en mente :P), aquí lo tenéis:

    (Aunque han añadido escenas nuevas y ahora la música no termina de encajar ¬¬)

  11. A ver.

    1- ¡Jengibre, enhorabuena por lo de la radio! Me faltó decirte anoche que podías grabarlo con un reproductor MP3 o con el móvil y luego subirlo. Espero que hayas podido registrarlo así Jack lo sube a La Sociedad del Misterio en los Medios. Igual es necesario decir que ya hay otro archivo de audio de esa misma radio, por lo que bien podemos colgar ese, ¿no?

    2- Ya tengo mi relato. Desde hace tres semanas, más o menos. Así que es un inédito. No es algo de terror pero sí tiene elementos. Estaba esperando a que más gente publicase a ver cómo iba la línea de los cuentos, peeero me vence la impaciencia. Así que ahora lo publico.

    Cuidado, espectador, usted está a punto de llevarse un susto 😛

  12. Desesperación

    Éste se lo regalo a Scully por su Cumpleaños.

    Estoy solo.
    No recuerdo desde cuándo estoy así. Creo que estoy solo desde siempre. A veces me importa. Pero no siempre.
    Llego a casa por las noches. Mi casa es un departamento. Está en el tercer piso de un edificio. El edificio es modesto y cómodo. Enciendo las luces del salón y todo está en su sitio.
    Me hago de cenar. Es una cena solitaria. A veces tomo una cerveza. Pero jamás me he embriagado. Luego me siento a leer varias horas seguidas. No tengo televisión. La televisión no me gusta. Sí escucho la radio. Siempre está en un volumen medio para no incomodar a los vecinos. Sintonizo una emisora de música clásica. Me gusta la música.
    Después de leer cierro mi libro y lo dejo en la mesa. Tengo como siete libros más en el tablero. Debajo de mi cama hay libros. De verdad, tengo muchos libros. Creo que me gusta leer. Apago la radio, pensando que quizás no deje dormir a los vecinos por la noche. Lo cierto es que nunca un vecino vino a quejarse. Tampoco han venido a saludar. Ni a pedir nada. De hecho, no los he visto desde hace varios años.
    Estoy solo. En mi cama, estoy solo. A veces tengo miedo. Pero como estoy solo y tengo cuidado sé que no puede haber nadie en el departamento. Pero a veces pienso que existen cosas a las que no se esquiva sólo con echar llave a la puerta. Y ponerle candado. Y varios pasadores. Y un refuerzo en las bisagras. Y siete cadenas a cada lado de la puerta. Y unos pasadores verticales. Mis ventanas están enrejadas y los postigos tienen el mismo sistema de seguridad que tiene la puerta. Nadie me ha dicho nada sobre ellos. Lo mismo no hay muchas personas que lo vean.
    Me acuesto en mi cama. Miro el techo. En el techo tengo un montón de estrellitas fluorescentes, de esas que se encienden cuando las luces se apagan. Me parecen tiernas. Me hacen recordar cuando era niño.
    Durante el día vivo en penumbras. Siempre entre sombras. Por la noche es cuando me dejo atrapar por la oscuridad. Antes de dormir lloro porque estoy solo y me siento mal. Cuando despierto por la mañana, mi almohada está húmeda.
    Salgo de mi casa y voy al trabajo. No tengo auto. Los autos son fáciles de recordar. Pero sé conducir. Lo mismo camino hasta el trabajo. Me dedico a la matemática. Estoy todo el día sentado delante de un escritorio y escribo. Escribo mucho y muy bien. Mis colegas han visto mis trabajos y todos coinciden en que mis aportes a la topología algebraica serán reconocidos más tarde o más temprano. A veces me olvido de almorzar. Igual siempre almuerzo en mi oficina. Hace unos años intentaba comer en compañía de otras personas. Pero nunca conseguí que nadie estuviera un tiempo conmigo.
    Estoy solo. Soy invisible. Me siento en mi escritorio a las siete de la mañana. Salgo a las seis de la tarde. Siempre he sido puntual y nada ha alterado mi ritmo de trabajo. He ido a trabajar incluso en medio de fuertes enfermedades. Una vez hubo un incendio y yo me quedé sentado porque debía terminar la demostración del teorema de aquel día. Nadie se dio cuenta.
    Vuelvo a mi casa. Todo está en orden. En un orden distinto, pero en orden. Yo nunca reordeno los objetos de mi casa. Pero al día siguiente siempre están ordenados de una forma distinta. Eso sí, cada cosa en su sitio.
    Los departamentos de los primeros dos pisos están en silencio. Con las luces prendidas, eso sí. Mis vecinos también son muy silenciosos. Mañana llegan los recibos. Tengo que estar atento.
    Llegaron los impuestos. Todos los valores son normales. Electricidad, agua, gas natural. Mis vecinos tampoco tienen televisión por cable. Despacho todos los impuestos en una oficina de abonado rápido. Me han solucionado la vida.
    Soy invisible. O ellos son invisibles. Estoy muerto. O ellos están muertos.
    No sé porqué estoy solo. Solo estoy porque nadie me ve o sólo estoy porque estoy solo. Cómo saberlo. Te puedo estar engañando.
    El mes pasado explotó una bomba. Y luego dejó de explotar. Pero ahora estoy solo.
    No estoy. Por eso estoy solo.
    Estoy solo. Por eso no estoy.
    Los cristales de la ventana de mi oficina están opacos y lechosos. Pareciera que la ventana está afectada de cataratas. Llamo a la administración de la facultad por mi teléfono interno. No hay tono. Cuelgo. Levanto el auricular. No hay tono. Cuelgo. Levanto el auricular. No hay tono. Cuelgo. Levanto el auricular. Insulto. No hay tono.
    Agarro una silla y rompo el cristal de mi oficina. Entra algo de frío. Pero sigo trabajando.
    Sigo solo.
    Hoy hay cena para uno.
    Hoy hay desayuno para uno.
    Almorcé a las siete de la tarde.
    Hoy volví a mi oficina. El cristal estaba reparado. Me sentí feliz. Así que volví a romperlo.
    Sigo solo. Los veo caminar por todas partes. Pero soy invisible. Ellos son muy visibles. Ahora no. Ahora sí. Ellos no son invisibles. ¿O sí?
    Yo siento que estoy bien. No entiendo porqué estoy solo. Quiero decir, no es como si estuviera loco o algo así. Tengo mucha riqueza interior. Yo. Sí. Yo. Yo. Yo. Yo estoy bien, ¿no? Quiero decir, soy normal, ¿no? Sí, yo. Yo. ¿Yo soy, verdad?
    Hoy ya no estuve tan solo. Estuve con uno de mis vecinos. No habló mucho pero sí me escuchó un largo rato. No entiendo porqué sonreía tanto si yo estaba llorando mientras le hablaba. ¿No se habría estado burlando de mí, verdad? Lo saludé y lo dejé sentado en el salón del departamento del primer piso. Nunca me dan las gracias por pagarles los impuestos todos los meses. A veces es bueno estar solo porque las personas son un poco ingratas.
    Hoy comí un filete de carne. Estaba sabroso. Lo hice yo mismo. Me felicité. Me gustaría tener alguien con el que compartir mi comida. Cocino bien, modestia aparte. No entiendo porqué sigo solo.
    Estoy solo. Entré a mi dormitorio y lo sentí. Sentí la soledad. Entonces no estuve solo. Y luego me desplomé y lloré. ¿Es mucho pedir a la Humanidad un alma compasiva?
    Hoy le hablé a una chica. Ella no es invisible y yo no soy invisible. Eso es bueno, ¿verdad? ¿Qué es, en el fondo, la invisibilidad? La chica me cayó bien. Creo que yo también le caí bien. Me siento triste. Sé que mañana ella no me va a ver.
    Hoy no me vio. Pasó caminando a mi lado. Y sí, estoy triste.
    Vuelvo a mi casa después de trabajar. No entro al edificio. Me quedo mirándolo desde fuera. Un casero jamás va a un edificio si no se presentan problemas. En mi edificio no hay ningún problema. Eso debería significar que algo raro está pasando para una mente bien puesta. Pero los humanos tienen la mente echa una manteca derretida. Salvo yo. Creo que tengo bien puesta mi cabeza. Nunca me la he quitado para probármela de otra forma.
    Pienso por un instante en la decapitación. Me gustaría verme sosteniendo mi cabeza. Apuesto a que sería una experiencia con mucha adrenalina.
    El contrato de uno de los inquilinos, el del segundo piso, vence la próxima semana. Hoy estuve hablando con ella. No pareció notar la grave situación, porque permaneció sonriente todo el rato que estuvimos charlando.
    Anoche conocí a alguien. Era una señorita muy delicada y atractiva. Me aceptó venir a cenar a casa. Creo que fui feliz. Pero de inmediato estuve triste porque comprendí que la felicidad no es eterna. Entonces me dormí y al despertar ella ya no estaba. Así como yo no estoy por estar solo.
    Llega el casero. Estoy en las escaleras y la electricidad del edificio está cortada. Me ocupé de cortarla. El casero ve una sombra recortada contra la luz que entra por una ventana. Puedo ver que está nervioso. La sombra soy yo. Esto le da miedo. Me muevo. Siento que tengo miedo de mí mismo.
    —Los maté a todos —digo.
    Desciendo unos peldaños. El casero retrocede unos pasos. Está buscando a tientas la puerta frontal para salir de aquí lo más rápido posible.
    —Los maté a todos —digo—. A todos. Los maté. ¿Quieres verlos? Son invisibles. Yo también era invisible. Pero ahora tengo sangre. Como el hombre invisible. Y ¿sabes qué? A Ningún personaje de la novela se le ocurrió tirarle pintura. Pero yo tengo sangre.
    Sigo bajando los escalones. Parezco el espectro de una niña muerta que baja lentamente las escaleras de un hospital abandonado, un engendro, una muerta viviente que mira con sus ojos enrojecidos y extiende sus descarnados brazos hacia un joven desprevenido que ha decidido pasar la noche en el nosocomio embrujado para demostrar su valía a sus compinches.
    El casero da un grito de pavor.
    Estoy cubierto de sangre. Tengo una sonrisa amplia en el rostro.
    —Ya no soy invisible —digo—. Todos están muertos. Los maté yo. Sube y ve. Después los dos estaremos muertos y seremos visibles.
    Sólo la muerte engendra la visibilidad.
    El casero abre la puerta. Sale corriendo. Comienza a gritar. Sonrío como un idiota. Me siento en los primeros peldaños de la escalera y espero. No tardarán en llegar.
    En efecto, no tardan en llegar. Suben hacia el primer piso y los asquea una nauseabunda vaharada de carne putrefacta. Entran y encuentran el cuerpo disecado de un hombre. En el segundo piso encuentran el cuerpo disecado de una mujer. En el tercer piso, mi departamento, encuentran un cadáver desangrándose en la bañera. Todos son mis obras. Soy un gran taxidermista. Salvé a esas criaturas de la corrupción. Las hice inmortales.
    Después de eso vinieron más patrulleros. Y después de eso vinieron del hospital. Por lo visto no soy peligroso, sólo estoy medio chiflado. Tardaron lo suyo, pero al final descubrieron que eran muñecos de cera. Nunca tuve vecinos. O quizás sí y no los recuerde.
    Encontraron un mensaje en el que yo citaba al casero en relación a ruidos molestos en el segundo piso. El casero se sorprendió porque hacía tres años que no vivía nadie allí. Sólo yo ocupaba todo el edificio. Por eso fue a verme el casero. El pobre hombre casi muere del susto.
    Estoy solo. No sé cuánto tiempo llevo solo. Pero ahora no soy invisible. Estoy cubierto de sangre. Tenía que ser realista en todos los detalles. No cuesta mucho ir a un matadero y comprar sangre de vaca y algunos intestinos viejos.
    Me están investigando. Sé que quieren abrirme la cabeza para entender cómo funciono. Jamás lo entenderán. Estoy solo. La soledad es la locura y mi locura es estar solo. Es no poder entender el porqué de mi vida. Es abandonar toda razón. Es leer sin recordar. Es ver el ocaso siendo ciego. Mi locura es creer y no creer. Es estar cansado sin hacer nada antes. Comer para luego ir al baño. Tener novia para pelear con ella. Estar bien para trabajar. Enojarse por no estar bien y por eso no poder trabajar. Mi locura es comprender mi soledad. Mi soledad es no querer ser entendido. Es oír un “Te quiero” que significa “Perdón”. “Perdón, perdón por no poder más que quererte”. Mi locura es oír que dos retrasados consideran una odisea comerse los mocos del otro. Mi locura es saber que Dios permite que una criatura que sufre también pueda sufrir por su sufrimiento. Porque sé que además Dios le permite tener miedo.
    Ellos no lo comprenden. No comprenden el miedo y por eso no me comprenden a mí. Yo soy el miedo. Yo soy la soledad. Yo soy el pozo. Ellos no lo saben. No saben. No, no saben. No lo saben. No lo saben. NO LO SABEN. NO LO SABEN. NO, NO LO SABEN. Y no lo sabrán. No importa lo mucho que se esfuercen. No lo sabrán. Porque no son humanos. No lo entienden. Porque no sienten. Nadie siente. Sólo yo siento. El resto es hipocresía.
    Ellos tampoco saben qué les ocurrió a mis vecinos. Se han conformado con saber que había tres muñecos de cera en el edificio. Pero NO SABEN cuál es el paradero de mis vecinos. Tampoco saben en dónde puse los verdaderos cadáveres. Los de mis vecinos y el de la chica que cenó conmigo aquella noche. Y yo no haré ningún esfuerzo por sugerirles ideas. No por ahora.
    Estoy solo. Pero ya no soy invisible.
    Estoy solo.
    Cuando se apagan las luces, cuando todo queda en silencio, escucho ese eco. Y contemplo la sombra de mi propia muerte.

  13. Temeroso de que los primeros rayos de sol cierren esa sesión del club de medianoche, Alex toma la linterna y en la penumbra observa a sus compañeros, sentados en círculo. Las velas les confluyen un fantasmagórico aspecto, titilantes fuentes de luz y calor. Tras una mirada a Mr. Zalaya, comienza así…

    “¿450 dirhams por una botella de vodka?” El asombro es visible en la cara del muchacho. Con una sonrisa mil veces empleada, el hombre con la chilaba oscura le explica la situación: “La ley islámica prohíbe el alcohol, solo lo tenemos aquí para los turistas y personas que no cumplen con la ley de Alá, no puede tener el mismo precio que en su país joven. Las cosas que escasean son más valiosas…”. Lentamente se incorpora forzando sus cansadas piernas y rodea el mostrador que hasta entonces le separa del resto de la tienda: tableros de ajedrez de piedra, juegos de té en cristal y plata, grandes platos y bandejas con filigranas en bronce, en la pared del fondo algunas alfombras se amontonan recordando tiempos mejores cuando aún tenían una esperanza de encontrar un hogar. “ … y además esta botella es especial. No es la típica que encontrara bajo llave en los hoteles y salas de fiesta que están invadiendo poco a poco nuestro país y nuestra cultura, no es alcohol por alcohol, no es beber por beber. Para eso, más abajo en esta misma calle podrá encontrar otras cosas.”.
    Con delicadeza el hombre arrebata la botella de las manos del joven: chaqueta oscura, unos pantalones demasiado amplios y una gorra con la visera demasiado grande para la cabeza que cubre. “En la puerta pone arte marroquí y esencias”.
    El chico mira a su izquierda, cerca de una puerta que parece dar a un patio u otra sala están las especias, ordenadas, son la fuente de los olores que inundan la habitación, olor a almizcle, a té verde, a hierbabuena.
    “¿Qué es? ¿De estas con especies raras, como las ginebras?”. Ríe el anfitrión entonces, no pude creer lo que oye, ¿Cuántas veces habrá explicado? “Esencias no es especias” “Esencias, halos de vida y de muerte, sentimientos unidos, fe, amor….todo eso son esencias. Esta …” sostiene la botella en la mano y la muestra bajo la leve luz que las lucernas altas que se entremezclan con la luz eléctrica “…tiene amor de juventud, pasión por lo desconocido, deseo de conocer el mundo y sus habitantes, calor, calor humano y de mujer” Sonríe, lentamente se va alejando de él hacia el aparador del que el muchacho ha tomado la botella minutos antes, mientras curioseaba entre sus posesiones, que en cualquier momento podrían dejar de serlas, solo las guarda, les da un lugar donde cobijarse hasta que encuentran un alma mejor.
    “Muy bonito y poético; por eso tienen aquí fama de charlatanes, venden todo como si fuera oro, como si nada en el mundo fuera mejor y además como si nos hicierais el favor de vendérnoslo” El hombre se para, no quiere mirar siquiera al chico, menuda desfachatez, que modo de hablar. “Hay de todo en estas tierras,” cierra lentamente el puño mientras habla, para tranquilizarse, gesto mil veces repetido en los innumerables años de vida. “pero estas esencias son verdaderas, son destiladas, de modo casero. Puedes sentirlas cuando las tomas, ¿de dónde crees que procede el nombre de bebidas espirituosas?” Ríe, acaricia la botella, tiene algo de polvo, pero el opaco cristal le transmite mucho más. “Yo mismo embotellé esta, y la recuerdo.” “¿Que tienes un alambique?” El chico ríe, este hombre debe haber pasado demasiado tiempo encerrado entre tanto almizcle, polvo y rezos.
    “Algo parecido, ahí mismo, en la habitación junto a las especies. Puedes mirar si quieres. Nada de dentro está en venta, por mucho que penséis los de vuestra cultura y generación que todo tiene un precio.” Se mantiene de espalda, ha ido hacia el mostrador, ordena algunas de las láminas que otro turista ha dejado sin finalmente comprar. Tres jinetes en el desierto, un oasis con un camello, un Riad con la puesta de sol de fondo, una majestuosa Mezquita…
    “Vaya, tiene más botellas aquí, se da bien la producción pero poco la venta.” Ríe desde la habitación indicada, en la que la curiosidad le ha hecho entrar, eleva la voz para que le oiga el viejo. “Me está cayendo simpático, dígame ¿Cuál de sus licores con esencias es el más barato? Quizás podamos llegar a un acuerdo.”.
    “El que menor precio tiene, por supuesto el primero que se destila, el que más fuerza tiene en el momento del proceso, el que no es necesario buscar en el interior para alcanzar…” la voz le sorprende cercana, a su espalda, sigilosamente el hombre ha ocupado el dintel de la puerta “…el miedo”. Y entonces oye el pestillo cerrarse, y entonces comprende.

  14. Lilly Christie

    Los minutos se convierten en horas, las horas en días, los días en semanas y luego meses.

    Tres meses ya en esta oficina rodeada del telarañas (algunas falsas por la actividad de días de brujas, otras hechas por las rañas que se decidieron a anidar acá) Y nuevamente me pregunto: ¿Hay alguien aquí?

    Vive aún la Sociedad? Por mi parte, sigo ante mi escritorio, aunque ya el pastel de calabaza sabe rancio…

  15. Parmacenda

    Buenas Lilly!

    Vaya, no te había visto… Claro que las telarañas no ayudan. Eso, y que mi pánico a las arañas de verdad me ha obligado a atrincherarme debajo de mi mesa, haciendo un fuerte con los archivos de antiguos casos. Llevo un par de meses sobreviviendo a base de papel viejo, cartón machacado, y restos de dulces de la fiesta de Halloween…

    Así que no te preocupes. La Sociedad sobrevive.

  16. maureen1978

    Eh, que yo me paso todos los días por las oficinas, pero no había visto a nadie…
    Mañana os traigo comida recién hecha 😉

  17. Lilly Christie

    Sin ánimo de hacer SPAM, pero ahora más que nunca necesitamos que la gente sepa la verdad, no lo que los medios del Gobierno les hacen creer que es verdad:

    http://www.youtube.com/channel/UCfsHw-LO0E9yrsVS_fXFdHQ

    HAGO UN LLAMADO TODO EL MUNDO, POR VENEZUELA! ESTUDIANTES EN MARCHA DESDE EL 12F, DÍA DE LA JUVENTUD HASTA AHORA 3 MUERTOS, Y MUCHOS HERIDOS

    ESTUDIANTES EN HUELGA, POR NUESTRO FUTURO POR UN MEJOR PAIS SIN ESCACEZ, DONDE SE NOS PERMITA ESTUDIAR CON LIBERTAD Y EXPRESAR NUESTROS DERECHOS VENEZUELA VA EN PICADA DESDE HACE CATORCE AÑOS, PERO NO LA DEJAREMOS HUNDIRSE! QUE LO SEPA EL MUNDO! DIFUNDAN, MUESTREN LOS VIDEOS, BUSQUEN LAS IMAGENES

    QUE NO, QUE NO, QUE NO NOS DA LA GANA, VIVIR EN UNA DICTADURA COMO LA CUBANA!! HAY QUE ESTUDIAAAAAR, HAY QUE ESTUDIAR, EL QUE NO ESTUDIE SE PARECE A NICOLÁS!

    NO ES JODA, LA COSA ESTA FEA, DIFUNDAN, AVISEN, ESCRIBAN POR FB O POR TWITTER, PERO NO SE QUEDEN CALLADOS!

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