Archivo mensual: noviembre 2013

ESPECIAL HALLOWEEN – El Club de Medianoche

El viento gélido arrastra aún el eco de las campanadas de la medianoche. Doce lúgubres tañidos que descienden desde lo alto del campanario, reptan por toda la ciudad ahogando el ruido del tráfico y flotan hasta penetrar en lo más alto de un moderno edificio de oficinas, hasta la mismísima planta trece.

La pálida luz de la luna dibuja con trazos negros la sombra de las persianas por toda la oficina. Los cristales vibran con el viento, tiemblan, truenan.

Sólo tengo la ayuda de una vieja linterna, cuya luz trémula consigue a duras penas arrancar detalles a las tinieblas. El frío de la noche atraviesa mi gastada gabardina y se agarra con furia a mis huesos.

Es festivo. Es medianoche. Las oficinas de la Sociedad del Misterio deberían estar desiertas. Pero un detective no puede ignorar a sus sentidos, y los míos me decían que las cosas no eran como debían ser.

Pies arrastrándose en la oscuridad. Miradas que se clavan en mi nuca para desaparecer cuando las busco. Susurros, jadeos, voces ahogadas en el silencio. Jirones de sombra arrancados de las tinieblas que se mueven furtivamente a mi alrededor.

Sé que debería estar solo. Pero no lo estoy. Estoy rodeado. No los veo, pero sé que están ahí.

Me siento. Respiro hondo. Coloco estratégicamente la linterna bajo mi barbilla, y pronuncio las palabras:

—Queda inaugurada la primera sesión del Club de Medianoche de la Sociedad del Misterio. Durante los próximos siete días no vamos a trabajar. No vamos a investigar ningún caso. Vamos a sentarnos en la oscuridad, y vamos a contar historias de miedo.

No hay respuesta. Una duda recorre mi columna vertebral y se agarra a mi cerebro: ¿y si no están ahí? ¿Y si mis sentidos me han engañado?

¿Y si no? ¿Y si hay algo ahí, pero no lo que yo creo que hay?

Es entonces cuando, lentamente, una a una, las linternas de los investigadores de la Sociedad del Misterio que me acechaban en las sombras se van encendiendo bajo sus rostros, semblantes fantasmagóricos que aparecen de pronto entre las sombras. Cinco velas, una por cada jefe de departamento, se encienden en el centro de la habitación, y ahora la luz es la suficiente para poder ver que estamos todos sentados en círculo.

Sonrío.

—Bien. ¿Quién empieza?

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