Archivo mensual: febrero 2013

MIENTRAS TANTO EN EL MUNDO: El Testimonio del Agente Peach

La investigación es una herramienta muy útil en más de un campo. Aquí practicamos la investigación criminal, pero también está la investigación científica, la jurídica, la académica… Haciendo una reducción al absurdo, podría decirse que la investigación, en realidad, sólo tiene una finalidad: poder saber de lo que se habla.

Pero incluso entre los más experimentados investigadores existe el peligro de la presuposición. Cuando alguien cree que sabe de lo que habla sin haberse documentado primero, corre el riesgo de quedar en evidencia.

La Sociedad del Misterio retoma aquí su sección “Mientras tanto en el mundo”, en la que nos hacemos eco de las noticias más curiosas del mundillo de la investigación policial. Y lo hacemos con una noticia que ilustra a la perfección el peligro de dar demasiadas cosas por sentadas: el caso del testimonio del agente Peach.

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Hace menos de un mes, el CPS (Crown Prosecution Service, algo así como el ministerio fiscal de Inglaterra y Gales) solicitó al departamento de policía de West Midlands, Inglaterra, un informe de uno de sus agentes, un PC (Police Constable, agente de policía) que había participado en una detención y que respondía por el nombre de Peach.  Tenían constancia de que el agente Peach había tomado parte en dicha detención, pero aún no tenían su declaración.

No esperaban una negativa. Pero eso fue lo que recibieron. Otro agente, ni tan siquiera el propio Peach, les escribió para notificarles que, pese a ser bastante inteligente, Peach no era (como ellos habían entendido) un PC, sino un PD. Dada esta confusión, el agente que escribía consideraba que la declaración de Peach no sería necesaria.

Si no sabéis aún lo que es un PD, permitid que me guarde esa revelación para más adelante. Os baste con saber que el CPS fue debidamente informado, y que ellos sí que debían conocer el significado de estas iniciales.

No obstante, esta respuesta no satisfizo a la fiscalía, que siguió insistiendo e insistiendo. ¿Cómo podía la policía negarse a proporcionarles las declaraciones de un testigo clave en esa detención? Sí, de acuerdo, se habían equivocado con una letra al denominar al agente Peach, pero ¿acaso por ello quedaba el agente exento de proporcionar una declaración? Así que insistieron, e insistieron, e insistieron.

Finalmente, el agente responsable del tan renombrado PD Peach se hartó y decidió complacer al Crown Prosecution Service. Así pues, cumplimentó y envió la siguiente declaración:

Traducción: “Yo le persigo. Yo le muerdo. Hombre malo. Él delicioso. Buen chico. Buen chico Peach”.

Creo que a estas alturas ya habéis atado cabos. Si la C de PC significa “Constable”, la D de PD significa “Dog”. El CPS había estado todo el tiempo exigiendo una declaración firmada por parte de un agente de la Unidad Canina.

La imagen de la declaración del agente Peach ya ha dado la vuelta al mundo. Se ha hecho terriblemente popular en las redes sociales, arrancando carcajadas a policías y civiles. A todo el mundo… menos al Crown Prosecution Service. En su blog han tenido incluso que salir en su propia defensa y decir que no se han sentido ofendidos, como se dice por ahí; pero no por ello se han cortado de recalcar que esto era un asunto interno con la Policía de West Midlands.

Así que ya lo veis. A veces, no documentarse bien antes de hablar puede acabar acarreando terribles, o como en este caso ridículas, consecuencias.

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Caso nº 00034 – PESADILLA DESPUÉS DE NAVIDAD (CERRADO)

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Uno de los trucos más habituales para un detective consiste en buscar incoherencias visibles. Ya sabéis, cosas que están donde no deberían o viceversa. Fijarse en estos pequeños detalles agiliza bastante el trabajo de investigación, así que es de lo primero en que un detective suele entrenarse.

Nuestro próximo caso comienza precisamente con una incoherencia visible. Algo fuera de lugar y a plena vista. Se trata de una de las aventuras más insólitas en las que la Sociedad del Misterio ha tenido el privilegio de participar.

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—Mes y medio—protestó Arjona entrando en mi despacho—. Los vecinos tardaron mes y medio más de la cuenta en fijarse en esto.

—No sé lo que habrá ocurrido esta vez —respondí a modo de saludo—, pero me arriesgaré a decir que podrías montar un departamento de crímenes raros en comisaría.

—Llevo tiempo pensándolo, creo que lo llamaré “Crímenes que Parecen Coña” —replicó mientras tomaba asiento—. Vale, esta foto se tomó hace una semana en la urbanización Las Lagunas.

Sacó una foto de una carpeta y la dejó sobre mi escritorio. Parecía el típico Papá Noel de adorno que la gente cuelga de sus balcones como si estuviera escalando para entrar por la ventana, aunque quizás un poco demasiado grande.

—Hace una semana… Pero eso significa que esto llevaba estando ahí colgado todo Enero y la mitad de Febrero.

—Exacto. Pues no se dieron cuenta de que eso no debería estar ahí.

—A ver, Arjona, tú y yo estamos entrenados para ver estas cosas, ellos son vecinos de una urbanización…

—La señora Mari Ángeles —sentenció tajantemente.

—Cierto.

Como esta referencia puede ser bastante oscura, interrumpo un momento el informe para hacer una aclaración. La señora Mari Ángeles es la vecina de Arjona, una mujer mayor de unos ochenta años con artritis reumática y un leve principio de demencia senil, que ha hecho del cotilleo un arte. Si en el bloque de Arjona se fuese a cometer un delito, la señora Mari Ángeles ya se habría fijado en todas las pistas dos semanas antes de que se empezase a planear y le habría pasado a Arjona una lista de todos los vecinos sospechosos, indicando específicamente cuáles son los que “siempre saludaban”. Un ejemplo perfecto de que hay pocas fuentes de información más valiosas que los cotillas.

—Vale, centrémonos. ¿Estaba ahí desde Navidades?

—Sí.

—Entonces los vecinos pensaron que al inquilino de esa casa debía haberle pasado algo e indagaron, ¿no?

—Y tenían razón —replicó soltando sobe mi mesa una segunda fotografía.
El mismo Papá Noel. Lo habían bajado al suelo cortando la cuerda. La cara estaba deshidratada, descompuesta y, al parecer, mordida por algún tipo de pequeño animal, pero era definitivamente humana.

—Óscar Herrero —dijo—. Cuarenta y un años. Broker. Heredó esta casa cuando sus padres murieron en un accidente de coche, la comparte con su hermano gemelo. Todas las personas con las que hemos hablado coinciden en que Herrero era un mal bicho: agresivo, maleducado, borde, putero, tirano…

—Lo tenía todo, desde luego. ¿Causa de la muerte?

—Estrangulado.

—¿Fecha de la muerte?

—Irene aún no está segura. Había una plaga de ratas en el vecindario, estuvieron fumigando y desratizando, por eso los vecinos estaban fuera, y las ratas han hecho un pequeño estropicio con el cuerpo… Pero fue en algún momento de la última semana de 2012, probablemente entre el veintiséis y el veintinueve.

—Durante Navidades, qué propio.

—El vecino que lo encontró, Manuel Portillo, llamó corriendo a la policía en cuanto se dio cuenta de que esto no era un simple adorno navideño. Naturalmente ha puesto a parir a Herrero, como todos, pero le preocupaba más que sus hijos no se enterasen de lo que había pasado… Padre soltero con la custodia, no quiere joderla, ya me entiendes.

—Ya veo. ¿Algún sospechoso?

—Uno, y con casi todas las papeletas.

—¿Oh?

—Emmeran Studza. Rumano, cincuenta años, proxeneta. Llevábamos años detrás de él por su red de trata de blancas. Sabemos que Óscar Herrero desfiguró a una de sus chicas, y que Studza le había amenazado varias veces. Se le ha visto por el vecindario poco antes del asesinato. Oportunidad y motivo, y al parecer la cuerda se sacó de la casa de la víctima así que también tenía el medio.

—Suena prometedor. ¿Cuándo crees que podréis detenerle?

—Ese es el problema… Ya está detenido.

Fue a estas alturas cuando Arjona consiguió captar mi atención.

—Explícate.

—Lo arrestaron por un altercado el veintisiete de Diciembre. Lleva desde entonces en los calabozos, en detención preventiva mientras intentamos cogerlo por todo lo demás. Pero claro… No sabemos cuándo, exactamente, murió Óscar Herrero. Lo que significa que, a menos que hayamos atrapado a un asesino por un golpe de suerte, le hemos dado una coartada perfecta.

—¿Y el propio Studza qué dice?

—Nada.

—¿Nada?

—Ni confirma ni desmiente. No parece tener ningún interés en negar el crimen, se diría que le gusta que pensemos que ha sido él, pero no piensa admitirlo.

—Vale, podemos hacerlo, no te preocupes. Necesitaré todo lo que tengáis sobre la víctima para Nicolás, y posiblemente Parmacenda tenga que hablar con ese hermano con el que comparte casa y con el vecino que encontró el cuerpo. Celdelnord querrá echarle un vistazo, como poco, a la cuerda y el disfraz de Papá Noel, y claro, a lo que encuentre el Profesor en la casa cuando la visite…

—Espera, espera, ¿con el hermano y con el vecino sólo? ¿No vais a hablar con Studza?

—Llegaríamos de nuevas después de una semana de interrogatorios por vuestra parte, no, nos torearía como le diera la gana. Studza es vuestro, deja que nosotros sigamos los demás cabos.

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