Archivo mensual: diciembre 2012

CASO RELÁMPAGO – Caso nº 00033: EL SÉPTIMO INVITADO (CERRADO)

El Séptimo Invitado - Caso Relámpago

El inspector Arjona cerró la puerta de mi despacho tras de sí. Sus ojos delataban no menos de dos noches sin dormir. Se llevaba con frecuencia la mano al pecho, como comprobando que algo siguiera en el bolsillo de su camisa.

—Estás hecho polvo, Víctor, ¿estás bien? —le pregunté.

—No, no estoy bien —respondió—. Estaba intentando no acudir a vosotros, Jack, pero se nos echa el tiempo encima y necesito una respuesta…

—Una contrarreloj, entiendo.

—No, no, olvídate de tus contrarreloj. Esto es un caso relámpago, Jack, tenemos veinticuatro horas.

Esas palabras captaron mi interés. Me incorporé en mi butaca y entrelacé los dedos frente a mis labios.

—Se puede hacer, mi equipo ya lo ha demostrado más de una vez. ¿Qué tienes?

—Te aviso que este caso quita el sueño…

—Ya traigo insomnio de casa, cuéntame.

—Está bien. Hace un par de días, unos jóvenes habían ido al campo de excursión. Aún no habían terminado de montar el campamento, cuando se encontraron con un par de manos amputadas a medio enterrar.

»No había rastro del resto del cuerpo, pero Irene pudo hacer algo con las manos. Por las huellas determinó la identidad, el Doctor Baltasar Caballero Montenegro, y tras un completo análisis determinó que la amputación había sido post-mortem.

»Su familia llevaba ya dos días sin saber nada del doctor Caballero. Pero estaba registrado en Latitude, así que pudimos determinar la última ubicación en la que se había conectado: la vieja mansión de su familia materna, en la colina. A una hora de camino de donde se encontraron las manos. Una casona abandonada desde hace cuatro décadas.

»Naturalmente nos presentamos en esa casa de inmediato. La encontramos vacía, pero en la entrada había una cesta sobre un pedestal. En la cesta, siete móviles, uno de ellos el del doctor Caballero. En el comedor, una mesa puesta con siete platos vacíos, con sus correspondientes cubiertos y copas. Todo apuntaba a que allí se había celebrado una fiesta. En la chimenea del despacho encontramos lo que faltaba del cuerpo del doctor Caballero, descuartizado y parcialmente quemado. Aún no se ha podido dictaminar la causa exacta de la muerte.

—¿Los demás móviles?

—Veo que me sigues. Los móviles estaban descargados, pero mediante las tarjetas SIM pudimos identificar a sus propietarios. Y ahora es cuando empieza lo escalofriante.

»Los seis propietarios estaban todos en el mismo sitio: el ala psiquiátrica del Hospital Nuestra Señora de la Candelaria. Los habían encontrado deambulando por el bosque, desorientados, desnudos, con claras lagunas de memoria. Recuerdan vagamente haber estado en aquella fiesta, y recuerdan haber conocido al Doctor. Pero lo demás lo tienen todo borroso. Les han diagnosticado a todos estrés post-traumático: han presenciado algo demasiado perturbador y sus mentes, como mecanismo de defensa, han bloqueado esos recuerdos. En otras palabras: recuerdan retazos del resto de la velada, pero han bloqueado el asesinato.

—Y creéis que uno de ellos es el asesino.

—Estamos convencidos. No se han encontrado indicios de la presencia de nadie más en la casa.

—Entendido. ¿Has hablado ya con ellos?

—Sí, ha costado horrores sacarles algo en claro, te he traído las transcripciones.

—¿Habéis averiguado al menos dónde lo mataron?

—Creemos que en la propia casa, pero no hemos conseguido encontrar nada concluyente. Hay rastros de sangre de la víctima por todas las habitaciones. Como las víctimas iban desnudas, no sabemos si había sangre en la ropa de alguna de ellas.

—¿Indicios de drogas en las copas o los platos?

—Cóctel de alucinógenos en cada copa.

—¿En los sospechosos?

—Todos lo ingirieron.

—Bien. ¿Y por qué tenemos sólo veinticuatro horas?

Arjona suspiró.

—Burocracia, Jack. Ninguno de ellos presenta ningún problema físico, y en el hospital no pueden seguir cediéndoles la cama más tiempo. A medianoche los soltarán.

—Lo que significa que un asesino saldrá en libertad.

—Y nadie sabrá quién es.

—Has hecho bien en traerme este caso. Llamo ahora mismo a los Jefes de Departamento…

—No hay tiempo, Jack —me interrumpió—. No podemos investigar a todos los sospechosos, volver a hablar con ellos, ni siquiera examinar el escenario y lo que haya en él. Se nos echa el caso encima.

—Entiendo. Entonces dame esas transcripciones, y me interesarían los planos de la casa para contrastar. Probablemente la gente estará de vacaciones con sus familias, pero a ver qué podemos hacer.

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Off-topic: Feliz Navidad

Me vais a permitir una pequeña interrupción en nuestra rutina de misterios, asesinatos, secuestros, chantajes y cajas de porno. Aunque sólo sea por un momento.

No voy a daros la típica charla sobre los valores que tienen que estar en los corazones de nadie en estas fechas. Si algo nos caracteriza es que aquí todo el mundo tiene un hueco y cada uno piensa y cree como quiere. Pero hay algo en lo que yo creo, más allá de religión, de ideologías y de sociedades de consumo: la Navidad, de una u otra forma, es una época para estar con tus seres queridos. Tu familia. Tu pareja. Tus amigos.

Hace tres meses, decidí que la Sociedad del Misterio ya llevaba demasiado tiempo paralizada y quise volver a abrir nuestras puertas, para ver si esto todavía podía funcionar. Menos de veinticuatro horas más tarde, casi todos habíais vuelto, y desde entonces esto no ha parado de llenarse. Así que creo que os habéis ganado un hueco en esa lista de gente con la que compartir estas fiestas.

Es imposible teneros a todos cerca. Pero desde aquí, Sata y yo os deseamos una muy feliz Navidad y un próspero año nuevo. Y os invitamos a pasar por estas oficinas y dejar un mensaje.

Por lo demás… no voy a deciros “Tomaos lo que queda de año libre”, porque nunca se sabe si puede acabar entrando algún caso. Yo estaré por aquí de guardia, y si nos llega algo os lo haré saber de inmediato. Hasta entonces… descansad, disfrutad y pasad las fiestas con los vuestros. No debería haber nada con menos misterio que eso.

 

Feliz Navidad a todos.

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