Primer Duelo de Investigadores – Caso nº 00024: EL SECRETO DE LOS CAPARRÓS (CERRADO)

—Quizás no sea nada —advertí abriendo el dossier—. Pero con los datos que tengo, desde luego a mí también me da la impresión de que aquí hay algo que falla. No sé si conoceréis el caso de los hermanos Caparrós.

En mi despacho se celebraba una reunión a puerta cerrada. De pie, a mi lado, el inspector Raúl Escobar, de Homicidios, con semblante inquieto; frente a mí, cada uno sentado en una silla, Celdelnord y el Doctor Rasudoque; y sobre mi escritorio, un caso policial cerrado hacía dos meses.

—Iván y Andrés Caparrós —dije mostrando sus fotografías—. Ladrones de casas, detenidos media docena de veces. Un equipo inseparable, si pillaban a uno el otro se entregaba, en la cárcel siempre se apoyaban el uno al otro contra los internos más violentos. Y de pronto, el veinticuatro de noviembre… Andrés mata a Iván y se entrega a la policía.
—Tuvieron una discusión —explicó el inspector Escobar—. Según Andrés, le pudo la codicia y quiso llevarse una tajada mayor del botín de su último robo. Como su hermano no cedía, perdió el control y le apuñaló con un cuchillo de cocina. Después se dio cuenta de lo que había hecho y se sentó a esperarnos en la escalera, con el arma del crimen en sus manos y la sangre de su hermano en su camisa. Confesó, nos explicó cómo ocurrió todo, nos pidió un momento para coger sus efectos personales, y luego nos acompañó sin resistencia al calabozo. A los agentes que vinieron conmigo y a mí nos dejó atónitos lo sereno que estaba.
—Las pruebas eran claras. Un típico caso de habitación cerrada, no había más forma de entrar ni salir que la puerta principal, y tenemos un video que demuestra que nadie la cruzó salvo Andrés desde el momento del crimen hasta la llegada de la policía. La pelea descrita cuadra con la que escuchó el vecino de los Caparrós y con lo que nos cuenta la escena del crimen. La trayectoria de la salpicadura se correspondía con la posición de los dos hermanos. La salpicadura de sangre en la ropa de Andrés, las huellas en el cuchillo, todo sugiere que el caso está cerrado correctamente: Andrés acuchilló a Iván.
—Suena bastante claro —opinó Celdelnord—. ¿Dónde está el problema?

Escobar vaciló un segundo.

—No puedo demostrar nada —explicó—, de momento es sólo una intuición. Pero los Caparrós nunca han sido asesinos. Ni siquiera tienen antecedentes por violencia. Una vez, incluso, el propietario de una casa en la que robaron fue asesinado… y ellos confesaron el robo sólo para poder testificar contra el asesino.
—¿Le ha comentado eso a sus superiores? —preguntó Rasudoque.
—Dicen que para todo hay una primera vez. Y supongo que no deja de ser posible… pero matar a tu hermano a cuchilladas sin antecedentes no es muy común.
—Bueno, no sólo hablamos de hermanos sino de cómplices —apuntó Celdelnord—. ¿Tenemos alguna prueba ambigua?
—Creo que no —confesó Escobar—. Aparte de las pruebas forenses que ya he mencionado… el vecino de los Caparrós es estudiante de imagen y sonido, y justo en el momento de la pelea estaba haciendo pruebas con su cámara. No tenemos video del asesinato, pero gritaron mucho y las paredes de esos apartamentos son casi de papel… tenemos la discusión grabada.
—Necesitaremos copias —asintió Rasudoque—. ¿Podemos acceder al escenario?
—La escena ya está desprecintada y limpiada, me temo. Hace dos meses del crimen, y el cuerpo está convencido de tener al culpable entre rejas. Os puedo pasar las fotos, si queréis. Revisamos la escena a fondo.
—¿Modus Operandi?
—Tenían un coche, un León del 99, que utilizaban para vigilar las casas que iban a robar. Estudiaban a los propietarios, sus costumbres, sus movimientos, sus horarios. Y el día del robo, aparecían a pie, sin el vehículo que los vecinos pudieran haber visto los días atrás; entraban con un par de mochilas, robaban los objetos de valor que pudieran llevar consigo, y salían sin ser vistos. Como salían a pie, si alguien los veía no llamaban la atención.
—¿Y podremos hablar con el sospechoso? —preguntaron los dos a la vez.
—Eso puede ser complicado —intervine—. Andrés está siendo un preso modelo: educado, respetuoso, tranquilo, trabajador… nunca se mete en peleas. Está siendo incluso puntual. Con semejante comportamiento, el alcaide está encantado de concederle su única petición… que, por desgracia, es no recibir visitas. No, si queremos hacerle salir de su celda tendremos que captar su atención, y para eso necesitaremos algo sólido con lo que trabajar.
—Pero no hay nada sólido, ¿verdad, Jack? —preguntó Celdelnord—. Las pruebas son claras, nadie más pudo hacerlo, y tenemos incluso la confesión del asesino. No tenemos nada con lo que trabajar, ¿o me equivoco?
—Todo apunta en esa dirección, sí. Pero cuando Escobar me comentó el caso, me hice inmediatamente esta pregunta: ¿a cuánto ascendía su último botín?
—Su último robo fue un fiasco —explicó Escobar—. Sólo pudieron llevarse una vajilla bastante estropeada antes de que los propietarios aparecieran por casa. Pudieron escapar por los pelos.
—¿Qué demuestra eso? —inquirió Rasudoque—. Aquí mi rival lo ha dicho bien claro, las pruebas apuntan a que Andrés Caparrós mató a su hermano.
—Pero no demuestran el móvil —apostillé—. Para eso sólo tenemos la confesión del sospechoso. Y no me cuadra que alguien que siente adoración por su hermano, que se entrega para no dejarlo solo en prisión, lo apuñale por unos platos viejos… Andrés Caparrós oculta algo, y quiero saber qué es.

Anuncios

51 comentarios

Archivado bajo arma blanca, Celdelnord, confesión, Doctor Rasudoque, Duelo, fratricidio, robo

51 Respuestas a “Primer Duelo de Investigadores – Caso nº 00024: EL SECRETO DE LOS CAPARRÓS (CERRADO)

  1. Se abre el duelo, damas y caballeros. A partir de este momento, se ruega al resto de la Sociedad del Misterio que NO PARTICIPE EN ESTA ENTRADA. Podéis comentar en la anterior, mostrar ahí vuestros apoyos y, por supuesto, participar en la nueva encuesta sobre el futuro vencedor. Pero por favor, no comentéis nada sobre el caso, ya que podríais dar con la pista clave (queriendo o sin querer) y resolverles el misterio a nuestros dos contendientes.

    Me gustaría que esto quedase claro. Todo comentario del resto del equipo sobre el caso, o bien publicado en esta entrada, SE BORRARÁ INMEDIATAMENTE.

    Bien, Doctor, Celdelnord, quiero juego limpio. El inspector Escobar ha ido a buscar las grabaciones de la discusión y las fotografías del caso. Os las pasaré en cuanto las tenga. Hasta entonces… podéis formular cualquier pregunta que queráis, os responderé en la medida que tenga esa información sobre el caso.

    Tenéis una semana. Después de eso, tendremos un nuevo jefe de departamento. ¡Que gane el mejor!

  2. Un caso interesante. Veamos que podemos hacer, Cedelnord.

    Aparentemente soy el primero así que tanteare el terreno con algunas preguntas:

    1)¿Que efectos personales tomó Andrés antes de ser encarcelado? Si no podemos acceder a ellos por lo menos nos pueden dar una descripción.

    2)¿Se encontró el auto (el león)? ¿Algo interesante en él?

    3)Se encontraron rastros de sangre de Iván en la camisa y en el cuchillo ¿Se encontraron también rastros sobre Andrés mismo? ¿Brazos, cuello, pecho…?

    4)¿Podemos obtener algunos datos del vecino estudiante de imagen y sonido?

  3. 3) ¿O sobre otra prenda que no fuera la camisa?

  4. Veamoslo Dr. Rasudoque.

    – Entiendo que lo que buscamos es el móvil real, no exculparlo, ¿no?

    – ¿No pudo recoger sus efectos personales mientras esperaba?

    – La puerta que no cruzó nadie, salvo Andrés, desde el crimen hasta que llegó la policía… ¿la cruzó alguien (o algo) desde que llegó la policía (a parte de la policía, claro)? (puedo escribir policía muchísimas veces).

    – Por lo demás, esperaría a poder ver las fotos y oir el audio.

  5. Bien, bien, empezamos fuertecito… Vamos a ponernos al día:

    Dr. Rasudoque: de momento no tenemos acceso a los efectos personales de Andrés Caparrós. Intentaré mover algunos hilos. De todas formas Escobar me comentó que no fue gran cosa, las llaves, el tabaco y algunas monedas, poco más. Cuando tenga datos más concretos os aviso. El León sigue aparcado frente al edificio de los Caparrós, acumulando polvo. La policía lo revisó en su momento, pero no encontraron nada sospechoso (ni objetos robados, ni armas, ni sangre, ni documentación fuera de lugar, nada). En cuanto a tu tercera pregunta… sí, algo de sangre había salpicado el cuello de Andrés, y no mucha pero alguna también había traspasado la tela de la camisa (piensa que hablamos de Noviembre, el sospechoso vestía manga larga); aparte de eso, alguna gota salpicó el pantalón, en la misma trayectoria de la salpicadura de la camisa. Sobre el vecino, hablaré con él e intentaré concertaros una entrevista, así que… si tenéis alguna pregunta en concreto que hacerle, ahora es el momento de formularlas.

    Celdelnord: Las cosas como son, todas las pruebas apuntan a Andrés Caparrós como el asesino. Pero algo nos está ocultando. Ya sea el móvil real o algo más, hay algo que no quiere que sepamos. Eso es lo que intentamos averiguar. Si en el proceso resulta que lo que encontramos sirve para exculparlo, así sea; pero el objetivo es descubrir qué hay en esta historia que no nos hayan contado aún. Los efectos personales… sí, supongo que podría haberlos recogido antes; sabemos que después del crimen se sentó en la escalera a esperar a la policía, arma homicida en mano, así que no parece que estuviera haciendo ninguna otra cosa en ese tiempo que podría haber invertido en coger sus cosas. A tu tercera pregunta te diré que, después de que la policía pasase por allí, la escena quedó precintada, por lo cual nadie más pudo entrar.

    De momento no vamos nada mal, gente. Creo que estáis haciendo preguntas interesantes, aún no sé hacia dónde nos llevarán pero diría que no vais por el mal camino. ¡Seguid así!

  6. ¿Mata a su hermano, se sienta a esperar a la policía y, hasta que ésta no llega, no se acuerda de fumar?

    Una pregunta para el vecino: ¿algo que él recuerde que no se aprecie en la grabación?

  7. Chicos, tengo la cinta. No sé qué os parecerá, pero desde luego suena bastante esclarecedora. ¿Estáis listos?

    En pantalla aparece un geranio. Es un geranio bastante venido a menos, la obra de jardinería de alguien que no sabe cuidar plantas pero que le pone toda su buena voluntad. Una mano que pretendería ser invisible, o al menos que habría preferido intervenir antes de que la cámara empezase a grabar, recoloca dos lámparas de escritorio tratando de conseguir la iluminación de un estudio profesional.

    Oímos la voz de Jaime Leguina, estudiante de imagen y sonido, mientras comenta para sus adentros (y quizás sin saberlo, también para sus afueras) que el objetivo de dicha prueba es filmar el geranio iluminado con un par de puntos de luz artificial y uno natural, de forma que se pueda apreciar si existe cambio de iluminación a medida que avanza la tarde. Después de eso, permanece en silencio unos dos minutos… hasta que se aburre y empieza a fingir que el geranio habla con la voz de Darth Vader.

    Es en este punto, en mitad de un ingenioso “Yo soy tu planta” (lo más ingenioso hasta el momento), cuando entra en escena una voz desde el otro lado de la pared… que a su vez recibe la réplica de una tercera voz. Se transcribe a continuación el diálogo, desde el momento en que empiezan a gritar ambas voces:

    —¡¿Qué crees que haces con eso?!
    —¡Déjame! ¡He decidido que me lo quedo!
    —¡¿Tienes la menor idea de lo que…?!
    —¡No podemos darle la espalda!
    —¡¡Claro que podemos!! ¡¿Es que quieres que nos empapelen de por vida?!
    —¡Vamos, Iván, los dos sabemos que tú no querías esto…!
    —Ah, ¿pues sabes qué? ¡A lo mejor ahora sí que lo quiero!
    —No hablas en serio. ¡Ni de coña!
    —¡Devuélvemelo! ¡No vas a quedarte con eso!
    —¡No!
    —¡¡Devuélvemelooo…!!

    Un momento de tenso silencio, seguido del sonido de un objeto pesado al caer. Quizás un cuerpo.

    Jaime Leguina entra en escena por primera vez, pegando su oreja a la pared. Intenta oír algo más. Sin embargo, lo siguiente que suena podría haberse escuchado desde el otro extremo del apartamento.

    —¡¡Iván!! ¡Joder, ¿qué he hecho?!

    SIGUE…

  8. Umm, hablan de “darle la espalda” a un algo/alguien y ese algo/alguien estaba en ese momento en el departamento de los hermanos.

    Mi primera impresión (podría sonar ridículo) es que ese algo/alguien podría sería un ser vivo. No sé, un perro o un niño. Me gustaría preguntarle al vecino si escucho ladridos, gruñidos, maullidos, sollozos, o algún tipo de sonido que le llamara la atención (sospecho que este muchacho pasa mucho tiempo dentro de su casa, así que habrá escuchado algo más).

    En todo caso, probablemente no sea un ser vivo. Pero por lo menos sabemos que “eso” estaba en el departamento, así que, o se llevo ese “algo” entre sus pertenencias o en el tiempo en que la policía estaba llegando Iván lo escondió en algún lugar cercano al departamento.

    Aparentemente, si encontramos este algo encontramos el motivo del asesinato. Habrá que encontrarlo. Quizás sea una perdida de tiempo pero podríamos ir a la casa de los Caparrós.

    Por cierto, ¿Quién llamo a la policía?

  9. Estaba esperando a ese sigue, pero…

    Andrés quiere quedarse algo. Quedándoselo ayudará a alguien y hará que, tanto él como Iván, tengan problemas. En la refriega por quien se lo queda, Andrés mata a Iván… ¿o el lamento es por otro motivo?

    Después (¿sabemos cuanto tiempo después?) llama a la policía (entiendo que llamó él…) y se sienta a esperar, sin fumar (aun siendo fumador), con toda la calma. ¿Por qué está tan calmado? ¿Qué ha hecho mientras esperaba para no recoger sus cosas?

  10. Dr. Rasudoque, ¿por qué dices que ese algo/alguien está en la habitación con ellos? eso me lo he perdido.

    Lo del ser vivo se me ocurrió, por eso pregunté si alguien (o algo) había cruzado la puerta mientras llegaba la policía. Yo pensaba en un mono… 😛

  11. —¡¿Qué crees que haces con eso?!
    —¡Déjame! ¡He decidido que me lo quedo!

    —¡Devuélvemelo! ¡No vas a quedarte con eso!
    —¡No!
    —¡¡Devuélvemelooo…!!

    Me da la impresión de que están forsejeando por la cosa, y que, por lo tanto, la cosa está en el departamento.

  12. Ah, bien. Había entendido que pensabas que a quien/lo que sea que quieren/no quieren darle la espalda estaba con ellos. Ya pensaba que me había perdido más de la cuenta.

  13. No, es que interpretamos la discusión de manera distinta. Intentaría explicarlo pero… bah, espero que Jack lo descifre.

    Voy a descansar mi mente (alcoholizarme) hasta que haya nuevos datos. Es que estoy cansado.

  14. ¿Jaime Leguina sabe cuanto tiempo pasó desde que oyó el golpe de algo al caer hasta que su vecino Andrés salió de casa? ¿qué hora era?

    ¿Sabemos cuanto pasó desde que se avisó a la policía hasta que llegó? Y ya que estoy… ¿a qué hora se avisó a la policía?

    ¿Se sabe si las llaves que recogió entre sus objetos personales son de su casa o de algún otro sitio? Quiero decir: ¿se había dejado la puerta abierta al salir para sentarse a esperar a la policía?

    ¿El edificio tiene ascensor? ¿En qué piso vivían los hermanos?

  15. Perdonad, se me cayó la conexión ayer después de publicar la primera parte del video y hasta ahora no lo he conseguido reestablecerla. Seguimos por donde lo dejamos…

    Desde ese momento vemos como Jaime Leguina coge el teléfono inalámbrico y camina hacia la puerta de su casa. Agarra la cámara al pasar, así que seguimos su desplazamiento. Oímos cómo marca un número de tres cifras; los tonos se corresponden con los del 091. Leguina entreabre la puerta de su apartamento y coloca la cámara en el suelo, discretamente oculta, enfocando a la puerta de sus vecinos.

    —¿Policía? —susurra— Acabo de oír una pelea entre mis vecinos… creo que puede haber un herido. ¿Mi dirección?

    Le oímos dictar sus señas mientras se aleja de la cámara; pero aunque todavía podemos escucharle, nuestra atención se centra en la puerta del apartamento vecino. Andrés Caparrós, un hombre delgado de estatura media, sale de su vivienda caminando con la mirada perdida. Sangre en sus ropas, un cuchillo de cocina teñido de rojo en su mano. Camina hasta la escalera del descansillo y se sienta, escondiendo a ratos el rostro en la mano que tiene libre. Deja escapar algún sollozo, pero a ratos se muestra sereno.

    Tres minutos después, el inspector Escobar y cuatro agentes uniformados hacen acto de presencia en el lugar. Sorprendidos al encontrar al sospechoso tan pronto, se despliegan por la escalera con sus armas reglamentarias preparadas. Esto es lo que dice y hace Andrés Caparrós:

    —Buenas tardes, caballeros —saluda con absoluta normalidad—. Les estaba esperando. Acabo de asesinar a mi hermano. Creo que nos conocen, somos ladrones de casas, los hermanos Caparrós —se incorpora lentamente, cuchillo en mano, su lenguaje corporal no se corresponde con el de un hombre armado; casi se le ve contento de recibir visitas—. Yo soy Andrés, ¿saben? Verá, hace poco robamos en una casa… Estaré encantado de proporcionarle los datos en comisaría. El caso es que he querido llevarme algo del botín de ese robo, algo que no me correspondía… Me ha podido la codicia y he asesinado a mi propio hermano. Con esto —añade, entregando el arma por el mango—. Denme sólo un momento para coger mis efectos personales… acompáñenme si quieren… y podemos irnos a comisaría cuando ustedes gusten.

    Y acto seguido, acompañado por dos atónitos agentes, el fratricida confeso vuelve a entrar en su vivienda. La puerta del apartamento de Jaime Leguina se abre entonces, vemos las piernas del susodicho alejarse de la cámara para caminar hacia el inspector e identificarse como el que realizó la llamada. “Lo he grabado todo”, explica, y luego añade “bueno, de la discusión sólo he grabado el audio, pero el resto lo tengo”. Los pies del testigo y el inspector se vuelven a acercar a la cámara, una mano avanza hasta ocupar todo el plano, y se acaba la grabación.

    El inspector Escobar me ha asegurado que es la cinta original. Los chicos del laboratorio de Jnum le han echado un vistazo y coinciden en que no parece haber sido editada. En mi opinión personal, si hubiera querido editar la cinta no habría dejado el momento Plant Vader, así que me inclino a pensar que es efectivamente el original. ¿Qué sacáis vosotros en claro de esta grabación?

  16. ¿Discutían por el cuchillo? Andrés ya lo tenía en la mano cuando Iván le pregunta “¿Qué haces con eso?”. En otro caso habría habido algo como: “¿A dónde vas?”, “¿Qué haces con ese cuchillo?” o “Suelta ese cuchillo”.

    Por cierto, ¿Dónde lo apuñaló? ¿Estaba muerto cuando llegó la policía? ¿Se desangró en tres minutos?

  17. Que me olvidaba: ¿Iván no dijo nada en esos tres minutos? ¿Agonizó en silencio? ¿Ni un grito, ni un reproche?

  18. Además (aunque no lo parezca estoy trabajando, ¿eh?), por la conversación, no parece en ningún momento que Iván tema por su vida, no parece que sienta amenazado, parece solo una discusión por “algo” (que me lo quedo, que no te lo quedas, que sí que me lo quedo…).

    Más bien me parece un accidente que no algo intencionado. Otra cosa sería el porqué no confesó eso y sí un asesinato.

    ¿El cuchillo puede ser la prueba de algo? ¿Quedándoselo Andrés, estaba intentado proteger a alguien? ¿Se analizó el cuchillo? ¿Solo había sangre de Iván?

    Apa, y perdón por la insistencia.

  19. Vamos a ponernos al día:

    Celdelnord: Me apunto tu pregunta para el vecino. Pasaron apenas uno o dos minutos antes de que Leguina viese salir a Caparrós. La puerta del apartamento estaba efectivamente abierta cuando llegó la policía. No sabemos aún por qué discutían, pero si nos fiamos de la confesión de Andrés Caparrós, discutían por una parte del botín. Iván ya estaba muerto cuando lo encontraron, la puñalada le causó la muerte al instante. Pero estoy de acuerdo, por la conversación no parece que Iván temiese por su vida… ¿qué podemos sacar de eso? Y tal y como preguntas, si se hubiera tratado de un accidente (cosa que aún está por demostrar)… ¿por qué Andrés confiesa un asesinato? Se analizó el cuchillo, por supuesto, y la única sangre que se encontró y que no perteneciera a Iván era sangre de pollo. Recordemos que se trataba de un cuchillo de cocina, así que no parece extraño.

    Dr. Rasudoque: También me ha llamado la atención lo de “darle la espalda”, bien visto. Pero cuando la policía revisó el escenario, no encontraron nada a lo que pensasen que sería peligroso dar la espalda. Pronto tendremos las fotos del escenario, quizás vosotros sí que encontréis algo, pero pensemos… ¿a qué podían referirse?

    Ya empezamos a hacer progresos. ¿Se trataba realmente de un asesinato, o fue otro tipo de homicidio? ¿A qué no podían dar la espalda los Caparrós? Sabía que había algo en esta historia que no conocíamos… ¡buen comienzo!

  20. ¿Sabemos que estaba haciendo Andrés cuando empezó la discusión? Quiero decir, ¿estaba cocinando? ¿La policía encontró la cena a medio hacer? ¿Un pollo a medio trocear? Es que si no, en el “eso”, solo me cuadra el cuchillo. ¿Había alguna otra cosa (a parte de su hermano, claro) que pareciera a medio cortar que no fuera comida?

    Además, ¿en que situación se puede tener un cuchillo de cocina y, a la vez, tener algo que Iván quiere que Andrés le devuelva, si ese algo no es el cuchillo? ¿Se había puesto la camiseta preferida del otro?

    Más que darle la espalda a algo físico y posiblemente peligroso, creo que hablan de darle la espalda a una situación, tal vez a una persona, pero no en el sentido de no dársela por temor, sino en el sentido de no ignorarlo.

    La consecuencia que parecen temer si “le dan la espalda” no es acabar heridos, sino encerrados.

  21. Me parece que hay una anomalía aquí.

    La policía llega y Andrés dice que los estaba esperando… pero el no llamó a la policía. Por lo que sabemos hasta ahora, el único que llamó fue Plant Vader (permíteme llamarlo así, Jack; me ha gustado el nombre). ¿Cómo sabía que venía la policía?

  22. Será posible…

    … gente, lo siento, de verdad, esperaba que esta vez no pasara nada de esto; pero se me ha muerto el ordenador esta misma mañana. Acabo de conseguir conectarme desde otro terminal, pero claro… los informes que os tenía preparados del caso los tengo en el otro.

    Que no hay forma de dirigir una investigación a derechas, ¿eh? Desde el último que no me sale nada como debiera… Venga, como tendré que volverlo a preparar todo desde aquí y como no sé cuán a menudo tendré acceso a este ordenador, el límite de tiempo de una semana se prorroga a dos, la duración estándar de un caso; que no vaya a pasar que, por culpa de mis circunstancias, se acabe la semana y no tengáis tiempo de cerrar este caso.

    Nuevamente presento mis disculpas. En mi defensa sólo diré “soy inocente, me han tendido una trampa”.

  23. Jack, estoy empezando a dudar de tus aptitudes y compromiso para con el puesto de jefe de investigación (vamos, Boniatus, esta es tu chance para un golpe de estado).

    Volviendo al caso:

    Me siento estúpido. Ahora que releo la discusión veo que fui bastante superficial cuando la leí por primera vez.

    Según Andrés, le pudo la codicia y perdió el control. Pero en la conversación es claro que el que quiere “algo” es Iván y no Andrés:

    — ¡Vamos, Iván, los dos sabemos que tú no querías esto…!
    —Ah, ¿pues sabes qué? ¡A lo mejor ahora sí que lo quiero!

    Andrés mato a Iván, parece no haber muchas dudas, pero el móvil que da Andrés se muestra completamente falso (añadiendo a lo anterior el hecho de lo escaso que es el botín que supuestamente disparo la codicia de Andrés). Si nos remitimos a la grabación, la única prueba en que podemos confiar, Andrés pudo haber matado (está la probabilidad) en defensa propia. Si la policía tomó en cuenta esto, cerró el caso negligentemente.

    No se que piensas tú, Jack, pero creo que con esto por lo menos nos tendrían que dejar hablar con Andrés. Hay pruebas suficientes para demostrar que Andrés miente para ocultar algo.

    PD: Creo que fue puesto el tema sobre la mesa pero no se si tuvo respuesta, ¿Andrés es fumador? Me quiero sacar la duda.

  24. No hay problema jefe. Andrés está donde quiere estar, ¿no?. Tampoco parece, por ahora, que haya otro culpable al que pillar.

    Yo voy a sentarme (fumando, que es lo que hacen los fumadores :-D) a esperar esas informes que faltan.

  25. A veces nuestra reputación nos abre algunas puertas. Gerónimo Hoyos, el casero de los Caparrós (que aún no ha conseguido realquilar su apartamento), nos permitió el paso en cuanto supo quiénes éramos, y nos dejó todo un día para pasearnos por el piso. Lo cual, unido a la tonelada de fotografías que habíamos recibido del inspector Escobar, tendría que ser más que suficiente.

    Durante las primeras dos horas dedicamos a colocar concienzudamente todas las fotografías en los lugares desde los que fueron tomadas. Tuvimos mucho cuidado en este paso, ya que queríamos estar seguros de ver exactamente lo mismo que vio el fotógrafo de la policía. Después de esas dos horas, pasear por el apartamento de los Caparrós era como hacer una visita virtual a la escena del crimen.

    Entonces comenzó el auténtico trabajo de campo.

    Comenzamos la visita por el pequeño vestíbulo, donde sólo había un paragüero venido a menos y una mesita. Los muebles habían sido retirados ya por el casero, pero sabiendo dónde estaban dispuestos podíamos hacernos una idea del recorrido habitual de los hermanos: entraban, soltaban las llaves sobre la mesita (los arañazos de la madera así lo sugerían), los paraguas si era necesario, y seguían su camino. En fotografía al menos los paraguas parecían secos… pero el parte meteorológico de aquél día constataba que había llovido.

    Desde esta pequeña entrada había un estrecho pasillo que conducía a una sala de estar en la que, aparentemente, no solían estar: ni un solo mueble para sentarse, ni un mísero televisor, nada. En aquella habitación, según las fotografías, lo único que hacían era acumular botines. Tenía sentido, era quizás la habitación más grande. Se encontraron las persianas cerradas. El casero nos explicó, además, que la ventana estaba estropeada y no se podía abrir… aprovechando para hacer mención a que la ventana estaba en perfecto estado cuando les alquiló el piso a los dos hermanos. Paseando por entre las fotografías pudimos admirar el botín de los Caparrós: cajas de dinero con los ahorros de los incautos propietarios de viviendas, cuberterías de plata de ley, joyas, relojes, aparatos tecnológicos de última generación. Nunca objetos más grandes de lo que pudiera caber en una mochila. Sin embargo, ni rastro de la famosa vajilla.

    SIGUE…

  26. Saliendo de la sala, otro pasillo que llevaba a tres puertas: un dormitorio, un baño y la cocina. Comenzamos por el dormitorio: tenía dos camas individuales de adulto dispuestas en paralelo, un armario empotrado y una mesita con un despertador que había recibido ya su buena ración de golpes, una pequeña radio y un par de ceniceros. Aparte de eso, nada más. Actualmente las dos camas habían desaparecido, dando lugar a una cama de matrimonio de segunda mano (el señor Hoyos había decidido que le interesaba un tipo específico y diferente de inquilino, visto lo visto). Las paredes habían sido repintadas, en un intento desesperado del casero por darle un mejor aspecto; pero gracias a las fotografías, sabíamos que habían quedado marcas de la masilla azul con la que pegaron algo… algo cuyo tamaño no se correspondía con el de un poster. En algunos puntos las marcas delimitaban algo pequeño, tamaño octavilla como mucho; en otros, el objeto pegado y luego despegado era demasiado grande. También miramos debajo de las camas: sólo zapatos y alguna camiseta olvidada. El armario empotrado tenía ocho conjuntos de ropa… cuatro de ellos parecían ajustados. La típica ropa de alguien que quiere lucir sus músculos, los tenga o no.

    El baño no mostraba grandes sorpresas. El casero pensaba hacer reformas y cambiar toda la grifería, así que nos lo encontramos un poco empantanado; pero ya en tiempos de los Caparrós esa habitación era poco transitable. Una vieja caja de naranjas hacía las veces de revistero junto al retrete, y eso, quieras que no, limitaba bastante el paso. La barra de la cortina de la ducha no venía con el piso, eso lo sabíamos porque actualmente faltaba… pero aparentemente tampoco provenía de la sección de baños de una tienda de bricolaje. Demasiado ancha, las argollas de la cortina eran más grandes de lo habitual, casi parecía que habían reciclado una barra de abdominales

    Por fin, la cocina. El lugar donde se había cometido el crimen. Una encimera de mármol con un fregadero y una cocina de tres fogones, una vieja nevera no demasiado grande, un cubo de basura medio vacío y una destartalada mesa de teca con dos sillas sorprendentemente a juego conformaban el mobiliario. Por supuesto, aquí era donde el señor Hoyos más se había esforzado en limpiar, así que tuvimos que valernos de las fotografías mucho más de lo habitual. La grifería reluciente, por ejemplo, estaba en su día oculta tras una capa de cal; la encimera, vacía y limpia, tenía en aquel entonces dos pechugas de pollo a medio filetear sobre una tabla de cortar; la cocina de tres fogones, actualmente una vitrocerámica nueva, tenía por entonces una sartén de considerable tamaño con algo de aceite; la nevera estaba cerrada, como ahora, pero el día del crimen aún tenía algunos imanes de esos que regalan en las pizzerías; aunque la mesa había sido cambiada por completo por una de sólidas patas de acero, la del día del crimen sostenía una vieja vajilla a la que le faltaban algunas piezas; y por supuesto… el cambio de baldosas del suelo por unas más elegantes y en damero trataba de ocultar el hecho de que, dos meses atrás, ahí había un cadáver.

    No había soporte alguno para cuchillos; la policía descubrió en su día que se guardaban en un cajón. En todo caso, dicho cajón ya había sido analizado sin encontrarse nada sospechoso. Las declaraciones del sospechoso indicaban que él estaba preparando la comida para los dos cuando comenzó la discusión, y las pruebas parecen respaldarlo: en torno a la zona de la encimera, no se encontraron pisadas ni huellas dactilares recientes de la víctima. Toda la pelea tuvo lugar en las inmediaciones de la mesa… pero Andrés se incorporó a ella desde la encimera.

    Las cosas parecían bastante claras. Nada apuntaba claramente en una dirección diferente a la que la policía tenía… ¿o sí?

  27. Ahí tenéis. La escena del crimen, reconstruida y revisitada. ¿Qué sacáis en claro?

  28. Si los paraguas estaban secos, es posible que fuera porque no salieron a la calle, no le veo mucho misterio.

    Los ceniceros (dos) en el dormitorio… con lo peligroso que es fumar en la cama y encima a dúo, si es que…

    Lo que había pegado en la pared con esa masilla (de la que no sé escribir el nombre) podrían ser las fotos y las notas que tomaran para su “trabajo”.

    Entonces realmente estaba cocinando, no fue a buscar el cuchillo con la intención de matar a su hermano. Pero sí que fue él el que se acerco a Iván para discutir, no al revés. Iván va a pedirle explicaciones del porqué tiene “algo” y es Andrés el que sale de la cocina para discutir…

    ¿La vajilla robada, puede ser la que se ha preparado sobre la mesa para cenar? Si no está donde el resto de botines, tal vez sea porque la están usando. ¿Se trata de una vajilla vieja o antigua? que no es lo mismo en términos económicos… Aún así, aunque estuvieran discutiendo por la vajilla, se me escapa el cómo se puede no dar la espalda a alguien o a algo quedándose un vajilla.

  29. Bien. Toda la pelea tuvo lugar en las inmediaciones de la mesa. Andrés se incorporó a ella desde la encimera.”Eso” por lo que discutían debía estar presente en ese momento en la cocina. Me arriesgo a conjeturar que “eso” es la vajilla que estaba sobre la mesa, que, como Celdernord, sospecho que es el mismo botín del último robo.

    Ahora, si “eso” es la vajilla, la vajilla debía tener algo de especial.

    Considerando que el botín que tenían estaba compuesto por joyas, dinero, tecnología, plata… me resulta extraño que se molestaran en llevarse una mera “vajilla estropeada”, aún así considerando que estuvieran apurados.

    Me gustaría conocer más sobre la vajilla estropeada y los propietarios o/e inquilinos de la última casa que robaron los Caparrós.

    Es verdad, resulta increíble que la vajilla pudiera ayudar a alguien, pero me resulta aún más increíble que pudiera hacerlo el pollo o el cuchillo o la sartén o el aceite. Así que me arriesgo a pensar que “eso” es la vajilla.

    Adieu.

  30. Vamos a ver si consigo mantener al menos un ritmo de una conjetura al día (aunque hoy intentaré por todos los medios que sean dos).

    Esta vez voy a contestaros a los dos al mismo tiempo. Celdelnord ha hecho un buen análisis de los pequeños cabos sueltos que quedaban en el apartamento de los Caparrós, aunque por desgracia nada de lo que ha podido averiguar nos sirve para descubrir qué es lo que nos oculta Andrés (eso sí, me ha gustado el matiz de quién se acercó a quién… ¿iría Andrés con intención de matar a su hermano, después de todo?). No obstante, ambos habéis reparado en un mismo elemento… y voy a coincidir con vosotros en que puede ser (insisto, “puede”) un elemento clave.

    La vajilla ha sido identificada, efectivamente, como la vajilla robada poco antes del asesinato. La propietaria incluso ha mostrado fotos de distintas etapas de su vida en las cuales se puede apreciar cómo la vajilla ha ido envejeciendo hasta llegar a la que hoy tenemos, por lo que no cabe la menor duda de que se trata de la misma. Eso sí, en cuanto a su valor… la hemos hecho tasar. A día de hoy, ningún comerciante daría más de cuatro euros por ella. No se puede decir que se trate precisamente de una antigüedad de gran valor histórico. Su propietaria es la señora Consuelo García, de setenta y dos años, viuda. Su difunto marido, Ramón Fuentes, fue carpintero toda su vida y murió a la edad de sesenta y un años por un fallo cardíaco. No se ha encontrado conexión alguna entre estas personas y los hermanos Caparrós.

    Eso es lo que tenemos por ahora. ¿Sacáis alguna conclusión? ¿Tenéis alguna pregunta más?

  31. Yo no sé si Andrés se acercó a Iván con la intención de asesinarlo o no, lo que está claro es que Iván no temía por su vida. Tal vez a Iván no le pareció extraño que su hermano empuñara un cuchillo cuando salía de la cocina precisamente porque estaba cocinando.

    Si Iván estaba junto a la mesa y dice “¿Qué crees que haces con eso?” está hablando de algo que está más cerca de Andrés que de él. En otro caso habría dicho “esto” o “aquello”. Además, no es algo que Iván pueda coger, porque le pide a Andrés que se lo devuelva. Por tanto, Andrés lo tiene ¿seguro que no es una de sus camisetas, de esas ajustadas que tenían en el armario?

    ¿Por qué discutian? para mi sigue siendo un misterio. Por la relación que tenían no parece que la codicia fuera a provocar una disputa. ¿La vajilla tenía algún tipo de valor sentitmental?

    Es que siguo dándole vueltas al tema de que, quedándose Andrés con algo, cree estar ayudando a alguien o no dándole la espalda a algo o a alguien, no ignorando una situación, no sé. Al mismo tiempo, Iván cree que, si Andrés se lo queda, tendrán problemas. ¿Por una vajilla? ¿Había algo dentro de la sopera? No es mal sitio para esconder algo.

  32. ¿Quienes son “los propietarios” de la casa donde robaron?

    Al principio dice que no pudieron llevarse más porque llegaron los propietarios, pero la Sra. Consuelo es viuda… ¿no vive sola?d

  33. Bien. Voy a dar por hecho que Andrés escondió la cosa que inicio la discusión con su hermano. Disculpa, Jack, pero voy a tener que hacer preguntas molestas.

    Se me ocurrió que quizás Iván tiró “eso” en el cesto de la basura de la cocina y Andrés luego lo recogió, dando inicio a la pelea. Así que ¿sabemos que había en ese cesto?

    Esa ventana rota, oculte algo o no, me molesta mucho. Abrámosla a la muy maldita y sácame la duda.

    ¿Qué tal la barra de la ducha? ¿Era solo una barra para la ducha al final?

    Y discúlpame otra vez, Jack, pero
    estoy un estado de paranoia nivel berserker: 1) ¿Qué paso con el caso de asesinato en el que declararon los Caparrós? 2) ¿Hay familiares o amigos de los Caparrós vivos dando vueltas por ahí con los que podamos hablar?

    Perdón, perdón. Estoy perdido en la niebla. Guíame, Dios.

  34. Estoy empezando a contemplar seriamente la opción de liarme a tiros con mi ordenador…

    Nuevamente os presento mis disculpas, gente. Mantener una investigación abierta online es un poco más complicado de lo que parece cuando no tienes acceso a un ordenador con internet… o cuando el tuyo por fin recupera la conexión, te da tiempo a leerte las conjeturas, pero la vuelve a perder (y esta vez todavía más que antes) cuando las quieres contestar. No debería teneros tan abandonados, lo sé y lo siento.

    Por desgracia, mañana por la tarde debo salir de viaje, así que tampoco puedo concederos mucho tiempo extra más. Dejémoslo en que, en lugar de cerrarse el plazo esta tarde, tenéis hasta mañana por la mañana. Y vamos a ver si puedo responder a todas vuestras preguntas y aportaros los últimos datos que he recibido antes de que esto vuelva a estallar.

    Celdelnord: No se ha encontrado nada dentro de la sopera. Si la vajilla tenía algún valor sentimental, sería como mucho para su propietaria, y parece que en realidad tampoco tanto (a ver, la vajilla lleva en su casa toda su vida, pero tampoco os creáis que le ha traumatizado mucho perderla). No tenemos nada que apunte a que Andrés le robase una camiseta a Iván, así que por ahora parece complicado poder demostrar si sí o si no. En cuanto a lo de “propietarios”, Doña Consuelo tiene una hija que había salido con ella esa noche, como de costumbre, y volvió a casa con ella; pero no viven juntas, Consuelo vive sola.

    Dr. Rasudoque: En el cubo de la basura no había nada que uno no esperaría encontrar ahí: restos de comida en descomposición, algunos envases vacíos (de yogures y cerveza, en su mayoría), y servilletas usadas. La ventana rota ha sido forzada por la policía… me temo que no ha conducido a nada (salvo claro está al vacío). Sobre la barra de la ducha, he estado haciendo averiguaciones y se trata, finalmente, de una barra de abdominales reciclada como barra de ducha. El caso de asesinato en el que declararon los Caparrós se puede resumir de la siguiente manera: ellos entraron, robaron, salieron justo a tiempo, vieron al propietario a punto de abrir la puerta de su casa, vieron al asesino salir de entre las sombras, presenciaron el crimen sin ser vistos y llamaron a la policía. El asesino en cuestión aún cumple condena, y Escobar lo ha investigado por si pudiera haber movido algún hilo para llevar a los Caparrós a esta situación pero parece que ha sido un callejón sin salida. No se les conocen familiares vivos a los hermanos Caparrós (ahora ya sólo a Andrés); en cuanto a amigos… sólo se les conocen “contactos”, y todos han sido ya debidamente interrogados. Nadie sabe nada, algunos incluso se enteraron de la muerte cuando la policía les preguntó por ella.

    Os comunico que he conseguido acceso a las pertenencias del sospechoso. Hoy sin falta podremos echarles un ojo. ¡Estad atentos!

  35. Vale, no fue por una camiseta.

    El robo que confesaron fue para declarar en el caso por el asesinato del dueño de la casa donde justo habían robado. ¿Para qué confiesan si fueron testigos una vez fuera de la casa?

    La hija de Doña Consuelo, respecto al robo, ¿tiene algo que decir? ¿dijo algo en su momento?

  36. Es difícil decirlo, Celdelnord… creo que confesaron por si acaso en su testimonio se descubría algo; quizás no tenían explicación para su presencia en el bloque de la víctima; pero no puedo demostrarte nada, la verdad. Sea como sea, qué huevos le echaron, las cosas como son.

    La hija de doña Consuelo declara que vio alejarse a dos personas de casa de su madre, pero que no pudo distinguirles. Ella fue quien llamó a la policía cuando vio que habían entrado en casa. Pero ya digo, no puede aportar más datos, no llegó a ver las caras de los fugitivos.

  37. Cómo me gusta esto de trabajar a contrarreloj con pocos datos… Tengo los últimos que hemos podido conseguir: los efectos personales de Andrés Caparrós. Aunque os aviso, no sé si encontraréis aquí algo que nos sea útil.

    En los bolsillos del sospechoso se encontraron los siguientes objetos:

    1- Un llavero de madera con unas iniciales garabateadas a rotulador. La tinta ya casi se ha borrado y las letras son casi ilegibles; según se coja, bien podrían parecer una A y una C o una G, o bien una D y una V. O incluso un número 10. En el llavero, tres llaves: la del portal del bloque de los Caparrós, la del apartamento y la más pequeña, la del buzón. La llave del portal está desgastada, como si se hubiese utilizado para otros fines (cortar o perforar plástico, por ejemplo, al estilo precinto de caja de CD) más que para abrir una puerta. La del buzón directamente está doblada. Huellas de Andrés en las cabezas de las llaves, algunas parciales en el llavero.

    2- Una llave de coche. La cabeza de la llave, de plástico negro, está llena de raspaduras y arañazos, y bastante desgastada por un uso no demasiado delicado, al parecer; pero el logotipo del león sigue siendo claramente visible. No tiene mando a distancia, no es de esas llaves que abren y cierran el coche con sólo pulsar un botón, sino que es de las de apertura manual. Huellas de los dos hermanos encontradas en ella.

    3- Un paquete de tabaco, marca Marlboro, arrugado y casi vacío. En el interior sólo dos cigarrillos y un mechero de promoción de un bar de la zona. Uno de los dos cigarrillos es un Fortuna. Huellas de Andrés en la cajetilla, el mechero y el cigarrillo Marlboro, huellas de Iván en el Fortuna.

    4- Algunas monedas, a saber: un euro, dos monedas de veinte céntimos, una de diez, una de cinco, una de dos y cuatro de uno. Un total de un euro con sesenta y uno. Huellas de Andrés y algunas sin identificar aún (probablemente de quien le diera esas monedas).

    5- Un ticket de compra del Mercadona: pack de seis cervezas y barqueta de pechugas de pollo. Pagado en efectivo.

    6- Un botón. Se corresponde con una de las camisas que, hasta donde sabemos, pertenece a Andrés.

    Y eso es todo lo que tenemos, me temo. Como veis, no parece nada fuera de lo común. No sé si seréis capaces de encontrar algo aquí, pero… si hay algo que deba ser encontrado, tiene que estar en alguno de los lugares que ya hemos mirado. O bien en la casa, o bien en el video, o bien en los bolsillos.

    No hay más. Se nos acaba el tiempo (culpa de mi ordenador, de verdad que lo siento), así que… ¿qué se os ocurre?

  38. Un último repaso.

    Por una pelea se presentan cuatro agentes y un inspector. Me parece excesivo. Yo he llamado por lo mismo varias veces y, si se presentan, se presentan dos. Además, a pesar de que dice que le parece que puede haber un herido, no se habla en ningún momento de un ambulancia.

    Si hemos deducido que los dos hermanos dejaban las llaves al entrar, ¿dónde están las de Iván?

    Con respecto a sus pertenencias:
    – El paquete de Malboro con un cigarrillo Malboro y otro Fortuna. El Fortuna no tiene las huellas de Andrés, por tanto él no lo tocó. El paquete no tiene las huellas de Iván, por tanto él no lo tocó. ¿El Fortuna lo metió Iván en el paquete abierto que sostenía Andrés, en un gesto como de “ya no fumo más, toma, quedatelo”? ¿Qué otra situación provoca que las huellas estén como están? ¿Por qué insisto en darle importancia al puñetero tabaco?

    Las monedas, el ticket y los restos en la basura. Si llevaba el tiket y las monedas en el bolsillo es que habría salido ese mismo día a comprar. Las cervezas de la basura puede que fueran compradas otro día y el pollo también, vale, pero entonces no tendría mucho sentido que aún llevara el tiket en el bolsillo. Es fácil de ver, en el tiket estará la fecha. Por otro lado, si había salido ese día, y llovía, ¿por qué no se llevó el paraguas?

    Después de todo sigo sin ver el motivo real de su discusión. Lo siento.

  39. Mi última conjetura.

    Ahora mismo me estoy concentrando en tratar de encontrar la “cosa” que desató la discusión. Sin eso no creo poder dilucidar el verdadero motivo del asesinato.

    Si bien los Caparrós guardaban su botín en la sala de estar así sin más, como buenos ladrones que eran debían tener un escondite para esconder otras cosas especialmente valiosas o peligrosas.

    Aparentemente, el departamento fue dado vuelta por la policía y está siendo remodelado, por lo que no quedan demasiados lugares.

    En principio, pensé: “Quizás en la cocina; las llaves que se llevó Andrés estaban dañadas como si hubiera intentado abrir algo con ellas. Quizás detrás de un azulejo o una baldosa o un zócalo” Así que quiero buscar azulejos flojos, zócalos sospechosos y preguntar si se encontró algo debajo de las baldosas de la cocina. Punto.
    Segundo. En el buzón, o en un fondo falso del buzón. Improbable pienso yo, pero que diablos.

    Tercero. Déjenme ir al departamento de los Caparrós con un buen martillo y si efectivamente hay algo oculto por allí lo voy a encontrar. He dicho.

    Quinto. Podría hacer algunos billones más de preguntas y conjeturas, pero para que molestarme a mi y a ustedes. Última conjetura; cuando se cierre el caso o cuando Jack responda (y unas buenas diez horas después, probablemente) yo voy a estar indisponible así que no voy a poder las respuestas. Todo queda en manos del destino.

    Cuarto. Léase el quinto.

    Sexto. Adieu.

  40. Ehm…

    … vale, gente, yo ya he descubierto qué es lo que anda mal. Y he hablado con el alcaide para que me permita tener una entrevista con su preso modelo, me ha dicho que lo arreglará para el miércoles…

    … como reconozco que habéis dispuesto de menos tiempo del que deberíais con todos los datos en vuestro poder, y que ha sido por mis problemas de conexión, os doy hasta el miércoles para resolverlo. Podéis estar seguros de que ya tenemos todos los datos necesarios para confirmar que algo nos ocultan.

    Tenéis un día y medio. Demostrad de lo que sois capaces.

  41. ¿Yo había dicho que el anterior era mi último repaso? ¡Pues mentí vilmente!

    Espero que este sí lo sea, por mi salud mental que lo espero.

    ¿Para qué robaban?

    Tenían cosas que podían vender, incluso efectivo y tengo la sensación de que vivían como veinteañeros que comparten piso. Reciclando muebles y pasando de ventanas estropeadas y griferías sucias. No digo que lo que robaran les diera para darse la gran vida, pero ¿no es más fácil comprar un barra de cortina que reciclar una barra de abdominales? No es ninguna fortuna. Robaban aparatos tecnológicos, pero solo tenían una pequeña radio, lo flipo si encima era de las que llevan cuerno, ¿por qué no aprovechar algún trasto de los robados? ¿A parte de amontonarlos, qué hacían con ellos? ¿Tal vez era el pago por algo?

    Además, ¿Andrés se volvió codicioso de golpe? teniendo un botín como el que tenían, ¿le asalta la codicia por unos platos?

    Y lo que demuestra que ya he leído demasiadas veces el caso es que empiezo a dudar incluso del vecino friki.

    Quiere filmar el geranio a medida que avanza la tarde, para ver los cambios de iluminación… mientras llueve. ¿No habría sido mejor esperar a un día soleado?

    Además, ¿pretendía estar toda la tarde mirando al geranio? ¿No tenía nada mejor que hacer? Casi es como si esperar algo…

    Más. Si quieres grabar solo vídeo, como parece que era su intención, ¿para qué dejar el micro abierto? ¿Tal vez esperaba grabar algo más que el momento Plant Vader, que eso sí, realismo le da un montón? Y su comentario despistado del porqué está grabando le da la excusa. ¿Sabía algo? ¿Tenía un trato con Andrés?

    Aún más. Esto daría sentido a lo que ya apuntó Dr. Radusoque, ¿Por qué Andrés dice: “Buenas tardes, caballeros. Les estaba esperando”, si él no había llamado?.

    Claro que, con todo esto, lo de haberse cargado a su hermano de forma accidental deja de tener sentido y los platos no encajan ni de coña.

    Lo dicho, lo he leído ya demasiado y encima mal.

  42. Caramba, pensaba que iba a estar cerrado el caso. Bueno, ya que estoy aquí puedo soltar un par de conjeturas ridículas y sin fundamento.

    Veamos. El motivo fue una mujer. La barra de abdominales, las camisas ajustadas… uno de los dos hermanos (ambos, quizás) intentaba impresionar a una señorita. Está señorita quizás la utilizaron como medio para un robo, o quizás ella era cómplice, o quizás uno de los dos quería encubrirla de un crimen… no sé. El caso es que pudo crear un conflicto amoroso (quizás uno quería delatar a la mujer) que se desato en pelea y muerte. Andrés una vez arrestado mintió sobre el motivo del asesinato para proteger a la mujer.

    ¿Qué les parece? Bonita, ¿no?

  43. Dejé mi sombrero sobre una de las mesas de la sala de visitas de la cárcel y me senté a esperar. Sabía que nuestro sospechoso ocultaba algo, pero ahora que sabía qué era… necesitaba entender qué significaba aquello. Y eso era algo que sólo el propio Andrés Caparrós podía explicar.

    Nuestro hombre llegó menos de cinco minutos después. Un hombre de aspecto sereno pero carente de alegría. Ni siquiera parecía sorprendido por mi visita, sólo… no sé… contrariado, quizás. Como si no fuese más que una molestia en medio de sus vacaciones.

    —Señor Caparrós, es un placer. Puede llamarme Jack, soy de la Sociedad del Misterio. Quizás haya oído hablar de nosotros…
    —No quiero visitas —interrumpió—. Todo el mundo sabe que no quiero visitas. Quiero estar solo. Así que espero que no me robe mucho tiempo.
    —¿No siente curiosidad por saber cómo hemos conseguido que el alcaide nos deje visitarlo?

    Un breve silencio. No tan incómodo como es habitual en estos casos, simplemente el silencio maleducado de quien no se digna a responder.

    —Bien, verá. El caso es que han surgido algunas dudas sobre la, disculpe que le saque el tema, muerte de su hermano Iván…
    —No hay dudas posibles. Yo le maté. Se lo dije a la policía, y ellos pudieron verlo con sus propios ojos.
    —Por supuesto, nadie pone en duda la autoría del crimen, sin embargo el móvil…
    —Me pudo la codicia. Quise quedarme con algo que no me pertenecía.
    —Algo que obtuvieron en su último robo.
    —Así es.

    Saqué de mi bolsillo una fotografía de la vajilla sustraída a doña Consuelo García. Caparrós ni se inmutó al verla.

    —¿Fue éste el objeto de su codicia?

    No hubo respuesta.

    —Declaró que fue lo único que robaron en aquella casa.
    —Así es.
    —¿Fue entonces esta vajilla vieja y estropeada la que le llevó a matar a su hermano?
    —Es de lógica, ¿no?

    Curioso que no diga ni sí ni no, pensé.

    —Señor Caparrós, oímos su discusión con su hermano. Su vecino la grabó.
    —¿Qué quiere decir con que la grabó? —preguntó, pero estaba más ofendido que asustado. No tenía miedo de sus palabras, estaba claro.
    —Bueno, estaba grabando otra cosa con su videocámara, pero en fin, ustedes gritaron mucho y el audio lo registró. ¿Hay algo que quiera decirme de esa discusión?

    Andrés reflexionó un momento. Estaba claro que tenía esa pelea grabada a fuego en la memoria.

    —Nada que no haya dicho ya. Quería algo que no me pertenecía. A Iván no le hizo gracia. Por eso lo maté.
    —¿Su hermano Iván temía por su vida?
    —Le ataqué a traición.

    Por primera vez su voz vaciló. Aquello no debía ser del todo cierto. Pero no le haríamos confesar si no le poníamos delante de sus narices la prueba de que ocultaba algo.

    —Su hermano y usted tenían un coche, ¿no es así? Un León del 99, creo…
    —Así es.
    —Reconozco que los coches no son un tema que me fascine demasiado, siempre me pierdo… el León es un modelo de la casa SEAT, ¿no?
    —Sí.

    Levanté mi sombrero, descubriendo la llave de coche que ocultaba bajo él. Se trataba de la llave que Andrés llevaba consigo cuando lo detuvieron.

    —Corríjame si me equivoco, pero… el logotipo del león es de la casa Peugeot, ¿no?

    SIGUE…

  44. Esta vez sí, el silencio que siguió a estas palabras fue tenso e incriminatorio. Nuestro preso modelo estaba a punto de derrumbarse. Sólo necesitaba un pequeño empujón más.

    —Usted no mató a su hermano por una vajilla vieja. Adoraba a su hermano como para asesinarlo por algo tan cutre. Sin embargo todas las pruebas apuntan a que, efectivamente, fue usted quien lo mató. Tenía que haber algo más, pero no se encontró nada sospechoso en su casa… nada que contradijera sus palabras, tanto a la policía como a su hermano. No, si había escondido alguna prueba en tan poco tiempo tuvo que esconderla en el único lugar donde sabía que la policía no buscaría: en el depósito de efectos personales de la cárcel, donde nadie miraría hasta que usted hubiera cumplido su condena.
    —No lo entiende…
    —Explíquemelo. Ya está en la cárcel, no puede estar peor, y la discusión con su hermano sugiere que en realidad no lo asesinó. Quizás fue un homicidio involuntario, quizás fue en defensa propia, pero no un asesinato premeditado. Está cumpliendo una condena que ambos sabemos que no le corresponde, así que explíqueme qué hacía esta llave de un Peugeot entre sus pertenencias.

    Y entonces, Andrés Caparrós rompió a llorar. Pero sólo se le vio desesperado durante los primeros tres segundos… después las lágrimas seguían manando de sus ojos, pero tenía ante mis ojos al hombre más sereno que jamás hubiera visto. De pronto estaba en paz consigo mismo.

    —Fue un accidente —comenzó a explicar—. Y quiero que eso quede muy claro. Cuando nos pillaron robando en casa de la vieja, nos asustamos más de la cuenta… oímos sirenas, pensamos que teníamos a la poli encima. Y aunque normalmente huimos a pie y sin llamar la atención, esa vez decidimos robar un coche. Ni Iván ni yo sabíamos hacer puentes, así que robamos uno que ya tenía al conductor dentro.

    »Encontramos uno, un Peugeot cuyo conductor acababa de entrar. Iván se desesperó, abrió la puerta del coche de un tirón, lo agarró por el cuello de la camisa y lo sacó a la fuerza. Pero no controló su fuerza y lo… lo golpeó contra un buzón de correos. Debió de darle demasiado mal, porque le abrió la cabeza.

    »Nosotros nunca habíamos matado a nadie. Yo quizás lo había contemplado alguna vez, pero siempre se me quitaba la tontería de la cabeza… Iván siempre se aseguraba de quitármela. Así que se puede imaginar cómo nos quedamos cuando vimos lo que acabábamos de hacer. Iván me empujó dentro del coche y arrancó, sabiendo que como ahora nos pillasen estábamos jodidos. Huimos, abandonamos el coche y llegamos a pie a casa.

    »Pero yo me quedé la llave. No podía olvidar lo que habíamos hecho, y necesitaba hablar de ello con mi hermano. Necesitaba convencerlo de que teníamos que confesar. Iván me dijo que lo que había pasado era trágico, pero que nunca podríamos contárselo a nadie. Es la primera vez que rompo esa promesa.

    »El día… el día de su muerte, Iván encontró la llave entre mis cosas. Yo estaba en la cocina, preparando la comida, y él vino hecho un energúmeno. Fui a hablar con él, solté el cuchillo y le quité la llave… intenté convencerle de que no podíamos darle la espalda a lo que habíamos hecho, pero él insistía. Yo sabía que él no quería matar a ese hombre, pero cuando se lo dije, se… se…

    —Se mostró convencido de lo que había hecho —dije.
    —Se volvió loco —apuntó él—. Si hubiera visto sus ojos… Me dijo que quizás sí que quería esa muerte. Ahora sí que sabía que teníamos que confesar, mi hermano se estaba perdiendo a sí mismo por culpa de ese secreto. Pero entonces se me echó encima como un animal… iba a por el cuchillo, quería matarme, y yo…
    —Usted cogió el arma antes que él.
    —Yo no quería matarlo. Se me echó encima. Pero sé que, si no hubiera ocurrido así, habría tenido que hacerlo de todas formas o me habría matado él.
    —¿Por qué no dijo que fue en defensa propia?
    —¿Usted qué cree?

    SIGUE…

  45. Por primera vez desde que comenzó el escalofriante relato, Andrés me miró a los ojos.

    —Por lo mismo que no habló del propietario del Peugeot a nadie —especulé—. Fue un homicidio involuntario, pero usted no quería manchar la memoria de su hermano.
    —Él no quiso hacerlo. Fue un accidente. Y siempre fue una buena persona, ¿sabe? Ladrón, pero honrado. No podía permitir que se le recordara como a un asesino. Así que… confesé un asesinato que en realidad no lo era, para limpiar el nombre de mi hermano y pagar por lo que hicimos a ese otro pobre hombre.

    Medité sobre estas palabras. Andrés estaba dispuesto a pasar por un infierno que no le correspondía… pero se culpaba de no haber llamado a la policía para confesar el homicidio involuntario, y por supuesto de la muerte de su hermano.

    —El inspector que llevaba el caso va a saber de esto —advertí—, pero dado que su caso ya está cerrado dudo que haga por reabrirlo. Y si el propietario del Peugeot sigue siendo un caso sin resolver, su familia debería saber que ocurrió durante un robo.
    —Va a delatarnos, ¿verdad?
    —Yo no he dicho eso. La verdad está en sus manos, y aunque ha tenido la amabilidad de compartirla conmigo, no es a mí a quien le corresponde revelarla. Puede seguir cumpliendo esta condena si de verdad es lo que desea. Pero acepte este consejo desinteresado… Su hermano tuvo un accidente y usted otro. Ambos han actuado de una forma poco racional después de lo ocurrido. No se torture y no culpe a su hermano más de lo necesario. Si algún día llega a perdonarse, y sobre todo a perdonarle a él… confiese lo ocurrido. Seguro que eso le ganará una reducción de condena, y si no le creen yo estaré dispuesto a testificar, ahora que todas las pruebas encajan.
    —Prefiero seguir guardando silencio, gracias —dijo bajando la mirada.
    —Es su decisión. Eso es lo que quiero que sepa —añadí mientras me levantaba—, que siempre ha sido su decisión.

    CASO CERRADO

  46. Bueno, gente, pues… El duelo queda oficialmente cerrado, y el premio ha quedado desierto esta vez. Me temo que la incoherencia ha pasado esta vez lo bastante inadvertida.

    Rasudoque, Celdelnord… no negaré que esperaba que lo hubierais sacado, pero bueno; también entiendo que trabajar en equipo es más fácil, las ideas que no se le ocurren a uno las aporta otro, quizás a alguien se le ocurra preguntar algo que otro no se atreviera a decir… De todas formas, y por saber, ahora que ya lo he dicho yo en voz alta… ¿qué me decís, estaba o no estaba a la vista?

    Bueno, pues se cierra el duelo, damas y caballeros. No sufráis por nuestros dos participantes, ninguno de ellos ha perdido su estatus, ambos conservan sus dos casos cerrados y siguen estando a un solo paso del cierre, lo único que han “perdido” es esta oportunidad. Y una vez dicho esto…

    … estad atentos. Puede que tengamos un caso en camino.

  47. Oh… mierda. Justo un Seat León y un Peugeot,¿eh? Dios es un cabrón.

  48. Au! eso ha dolido :).

  49. Tranquilos, esto pasa hasta en las mejores familias 😛 Y no podemos negar que, aunque se os haya escapado justo ese dato, el análisis que habéis hecho del resto de las pruebas (que no son pocas) ha sido bastante intensivo. Habéis hecho los dos un buen trabajo… sólo que el único detalle que se os ha escapado ha resultado ser la clave, pero ya está.

  50. Pingback: Los Archivos de la Sociedad del MIsterio: Casos 00021 a 00030 | La Sociedad del Misterio

Plantea tu conjetura

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s