Archivo mensual: noviembre 2009

MIENTRAS TANTO EN EL MUNDO: La Prueba Irrecuperable

Nuestro trabajo se basa en atar cabos. Eso es algo que todos sabemos. Disponemos de los hechos, de los testimonios y de las pruebas, y debemos descubrir cómo encajan unos con otros y, sobre todo, qué es lo que no encaja. Hallar la incoherencia en un misterio es siempre el primer paso para su resolución.

¿Pero qué pasa si una de las pruebas, digamos la pista clave, desaparece de forma irrecuperable?

Hace ya algún tiempo abrimos en La Sociedad del Misterio una nueva sección titulada “Mientras tanto en el mundo”, en la cual tendrán cabida sucesos policiales que podamos encontrar en los medios de comunicación y que nos puedan resultar, como mínimo, educativos. Lo cierto es que últimamente hemos tenido esa sección un tanto aparcada, y aunque llevo ya tiempo queriendo retomarla hemos tenido una cierta escasez de noticias interesantes.

Por suerte, desde los Estados Unidos, nos ha llegado la asombrosa historia de la Prueba Irrecuperable.

Streetsboro, Ohio. Banco FirstMerit, alrededor de las diez de la mañana. Sin llamar la atención, un hombre entra caminando tranquilamente, llega a la ventanilla y entrega al cajero un pedazo de papel en el que exige que se le entregue dinero en efectivo. No tengo más datos acerca del contenido exacto de la nota, como más adelante podréis comprender, pero debió de ser lo bastante amenazadora, ya que poco tiempo después el hombre salía del banco con una buena cantidad de billetes en su poder, se introducía en un Ford Escort oscuro y se alejó del lugar. En ningún momento se supo que portase arma alguna.

Pocos minutos después, la policía de Twinsburg intercepta a un Ford Escort negro en la interestatal 480. El conductor, John H. Ford (35 años, de Cleveland, sospechoso de dos atracos más), es inmediatamente esposado y registrado. No se encuentran armas en sus ropas, pero se halla una pistola del calibre 38 en el asiento del conductor y una pila de billetes cubiertos de tinta roja en el del pasajero. Tiene que ser él.

John H. Ford es entregado a la policía de Streetsboro, que inmediatamente hace la pregunta clave, la que ha de cerrar el caso en una sola jugada: ¿Dónde está la nota?

Los agentes de Twinsburg se miran unos a otros. Nadie tiene la nota. El pequeño pedazo de papel que el atracador entregase al cajero del banco para intimidarlo no está.

La cosa es que, durante el registro del sospechoso sobre el capó del coche patrulla, apareció un papelito por alguna parte. Y los agentes que lo detuvieron lo saben. Quizás sea la nota que buscan. Así que, dado que los coches patrulla estadounidenses van equipados con videocámaras, deciden revisar la grabación del registro y averiguar qué ha sido de dicho papel.

Esto es lo que encuentran:

De inmediato comprenden la situación. No se vio ningún arma en el banco durante el atraco, no se sabe si el atracador llevaba alguna o si sólo pretendía intimidar con la notita, así que el hallazgo de la pistola no demuestra nada; lo único que podría situar al sospechoso en la escena del crimen es la nota amenazante. Una nota que bien podría ser el papelito encontrado en el bolsillo del sospechoso. Un papelito que el sospechoso no dudó en comerse mientras lo registraban. En menos de tres segundos.

Ahora es imposible saber qué había escrito en ese papel. La cámara no lo recoge, y cuando la evidencia sea (ejém) “expulsada” del cuerpo del sospechoso, las fibras del papel ya se habrán disuelto y no será posible su reconstrucción. La prueba, la que la policía confiaba en que fuese la clave para la solución de este misterio, ha desaparecido para siempre… y ha dejado atrás un video para demostrarlo.

Todavía no sé cómo acaba la historia, tengo alguna idea de cómo se podría resolver aunque voy a pedir que el primero que descubra algo nuevo por favor aporte más información; pero lo cierto es que, aunque tenemos la incoherencia, no tenemos la prueba a la que va vinculada. Sí, es demasiado sospechoso que el detenido, así por las buenas, se coma un papel; pero sin saber qué había en el papel, ¿qué demuestra todo eso?

Aparte de que resulta mucho más práctico atracar por medio de notas intimidatorias que a punta de pistola, claro; porque menuda indigestión habría supuesto comerse el arma. Al final va a resultar que lo de “Mi perro se comió mis deberes” funciona mejor cuando te detienen por atraco.

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