Archivo mensual: abril 2009

Los Archivos de la Sociedad del Misterio: Casos 00011 a 00020.

Veinte casos ya.

Quién lo iba a decir.

Llevamos poco más del año y medio de vida, pero ya hemos conseguido resolver veinte casos. Asesinatos, mayoritariamente, pero ha habido un poco de todo. Y aunque hemos tenido algún que otro varapalo, nuestras victorias siguen superando con creces a nuestras derrotas,

¿Queréis ver cómo hemos ido evolucionando? Los más veteranos recordaréis que ya se hizo un seguimiento de nuestros diez primeros casos; me gusta saber cómo les ha ido a aquellos en cuyas vidas nos hemos cruzado. Ahora que hemos llegado al número 20, creo que no estaría de más hacer una segunda etapa.

¿Qué os parece? ¿Os veis con ganas de saber qué hemos hecho?

Casos nº 00011 y 00012: La escena sin crimen y El crimen sin escena

David Jiménez volvió al centro psiquiátrico El Arca. Tras haber sido secuestrado, torturado, mutilado y enterrado vivo, el pronóstico de su psiquiatra no es demasiado favorable; puede que nunca se recupere del todo. Contra todo pronóstico, Cecilia Ordóñez (ex-cuñada de Jiménez, recordaréis que se trató de un fratricidio) ha comenzado a visitarlo en El Arca. Aún está por ver si esto le beneficiará en algo. Paralelamente a esta historia, conviene recordar que fue aquí donde primero tuvimos conocimiento del doctor Marcos Noriega, que imprudentemente dejó sus huellas en el instrumental quirúrgico empleado para amputar la mano de Jiménez.

Caso nº 00013: El Rabo del Diablo
Jenny Thales (o Vanesa Hurtado) finalizó con éxito el rodaje de “El Rabo del Diablo” (nos envió una copia dedicada). Actualmente vuelve a compartir plató con su compañera “desaparecida” Thathyana en una espectacular superproducción, “Los caballeros las prefieren furcias”. Iba a ser un musical, pero después de un par de meses de ensayos llegaron a la irrefutable conclusión de que no saben cantar. El abogado de Herminio Hinojosa (su admirador) ha conseguido reducirle la condena, así que saldrá en libertad de aquí a una semana. Mantendré un ojo puesto en él, por si vuelve a las andadas, pero parece que ha quedado bastante desencantado con su “musa”. En cuanto al Padre Piña… os sorprendería la cantidad de veces que ese hombre ha intentado aparecer en los medios para condenar esta película.

Caso nº 00014: Desde Prusia con amor

Fue a raíz de este caso que empecé a modificar, varias veces, las medidas de seguridad de nuestras oficinas. La primera vez, sin lugar a dudas, que A. K. nos la ha jugado. La familia de Verónica Salas sigue desolada por la muerte de la joven, pero han decidido aceptar la versión de la policía y creer que Verónica se suicidó. He intentado hablar con ellos, pero no han querido escuchar. Quizás más adelante se sientan más preparados. Aquí nos ganamos un nuevo adversario, el inspector Mendoza, de quien (como ya habéis visto recientemente) aún no hemos oído la última palabra. Seguimos sin saber quién era el misterioso novio de la víctima, pero viendo los pasos que ha seguido el doctor Noriega… no descartaría que fuese A. K.

Caso nº 00015: El último número del Gran Lipari

Enrique Martos, el joven asesino, cumple condena con orgullo. Sigue convencido de que hizo lo correcto. Su hermana, Melanie Roca, no ha vuelto a actuar. No se alegró demasiado de volver a verme, no nos culpa pero no puede evitar que nuestra presencia le traiga malos recuerdos. Álvaro Membrive se está tomando un año sabático para elaborar nuevos trucos mientras intenta encontrar a otro mago que quiera contratarle… pero el rumor de que su último número mató al Gran Lipari, aunque injustificado, genera tanto morbo como desconfianza. Rosalía Casauz ha abandonado el mundo de la magia y ha decidido probar suerte en otro campo… por recomendación mía, ahora trabaja en los vestuarios de “Muerte entre las Sombras”, la nueva ópera de Juan Nicolaides.

Casos nº 00016 y 00017: Escalera al Cielo (Primera y Segunda parte)

Los padres Piña y Froilán siguen oficiando en la parroquia de San Conrado. Piña ha admitido que su sacristán era inocente del asesinato de que se le acusaba, pero no por ello ha empezado a tratarlo mejor. Con todo, el padre Froilán ha decidido agradecer y aprovechar esta segunda oportunidad, y no dejarse derrotar por el temperamento del padre Piña. Loreto de León, la verdadera asesina, se está tomando un tiempo de descanso entre rejas… sabe que no debería sentirse aliviada, pero lo cierto es que, ahora que sabe que su ex-marido no podrá hacerle nada, no puede por menos que respirar tranquila. Con todo, lamenta haber asesinado al detective Radenauer. Se arrepiente, pero dice que no se le ocurría otra solución. A título personal, he empezado a investigar en mis ratos libres el caso de Sebastian Müller, el ex de Loreto de León, a ver si puedo encontrar algo que ayude a la policía alemana; es más un hobby que otra cosa, ya que estoy bastante convencido de que alguien como Müller habrá cubierto perfectamente sus huellas.

Caso nº 00018: Muerte en directo

Con Juani Reyes entre rejas, su hija Bárbara Molina abandonó el estudio. La presión de que sus compañeros supieran que su madre era una asesina pudo con ella. A día de hoy, está negociando con un viejo amigo suyo para montar entre los dos un estudio de fotografía. Paloma Cañizares ha seguido trabajando como azafata en otro programa, pero se ve que haber posado desnuda para Simón Yagüe le desagradaba aún menos de lo que parecía porque hace poco ha sido portada de una revista erótica (cuando hablé con ella me ofreció un ejemplar firmado para nuestro almacén de pruebas). La cadena ha decidido sustituir a Yagüe por un nuevo presentador, también de nombre Simón (para no tener que cambiar el título del programa). El nuevo Simón ha resultado ser un imitador del anterior, y el público lo ha notado, así que la audiencia se está resintiendo.

Caso nº 00019: Un regalo en la oscuridad

Mendoza se sigue regodeando porque no pudimos cerrar este caso. Lo cual, sinceramente, debería darnos igual. Gracias a nuestros avances, Arjona ha logrado elaborar una lista de posibles sospechosos del secuestro de Carlos Duarte en Correos, y probablemente también de su asesinato. Les están siguiendo la pista, tenemos su palabra de que nos avisarán cuando sepan algo. He investigado el apellido Korv, podría estar vinculado con las mafias de Europa del Este, pero de momento no tenemos gran cosa.

Caso nº 00020: El rufián, la furcia y la estantería

Tal y como Zalaya se temía, la fiscalía no ha sido demasiado clemente con Daniel Inclán. Al cargo de homicidio involuntario se han sumado acusaciones por obstrucción a la justicia, calumnias y premeditación. Aún se está discutiendo si se puede admitir este último cargo cuando lo primero que dice la lista es que el homicidio fue involuntario, y la fiscalía y la defensa debaten si declarar ante la policía que se sospechaba de Chema Pascual y de Yolanda Ferrán cuenta como calumnia o como difamación, pero lo cierto es que, salvando las discusiones terminológicas, a Inclán le habría venido mejor confesar desde el principio. En cuanto a la encantadora pareja de sospechosos… bueno, se libraron de ser encerrados por un crimen que no cometieron. Así que ahora ya les han podido encerrar tranquilamente por otros cinco crímenes que sí que han cometido… el allanamiento de la Caja del Porno entre ellos.

Ahí tenéis. La Historia de la Sociedad del Misterio hasta ahora. Como podéis ver, no hemos pasado precisamente inadvertidos… vuestro buen trabajo ha dejado su huella.

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Caso nº 00020: EL RUFIÁN, LA FURCIA Y LA ESTANTERÍA (CERRADO)

Debo reconocer que en un principio no pensaba aceptar este caso. Cuando recibí la llamada de Arjona, estaba revisando por quinta vez que lo llevaba todo en la maleta y preparándome para un viaje de veinte días. Y el hecho de que mi viejo amigo se negase a proporcionarme datos, lejos de picar mi curiosidad (como habría hecho en cualquier otra situación), no estaba logrando otra cosa que irritarme. Sin embargo, siempre he sabido leer entre líneas, y cuando me dijo “Te juro que este caso está hecho para la Sociedad del Misterio” supe que algo de interés debía tener.
Aunque confieso que no me esperaba que tuviera tanto.

—Tenías razón —musité mientras contemplaba el rótulo del establecimiento—. Este caso nos estaba llamando a gritos.

Con una sonrisa de medio lado (de esas capaces de berrear “Te lo dije” desde la otra punta de la habitación sin despegar los labios), Arjona me dio una palmada en el hombro y me invitó a entrar en el sex-shop “La Caja del Porno”.

El lugar se encontraba patas arriba. El escaparate roto, la lencería por los suelos, consoladores y más consoladores de muy diversas formas, colores y (sobre todo) tamaños rodando por las baldosas. La alarma, según me comentó Arjona, había saltado a las tres de la madrugada con la rotura del cristal, pero cuando la policía llegó el asaltante (o los asaltantes) ya se habían dado a la fuga. No sin antes, eso sí, arramblar con todo el mobiliario.

—El dueño, Daniel Inclán —indicó señalando a un hombre de gesto compungido y agitado que hablaba con un par de agentes—. Le sacamos de la cama a las tres de la madrugada cuando saltó la alarma.
—¿Sospechosos?
—Yolanda Ferrán y Chema Pascual. Prostituta y su chulo, drogadictos los dos, de lo mejorcito del barrio. Al parecer ya habían robado alguna cosilla por aquí, y el dueño dice que se la tenían jurada porque él siempre les echaba. Las grabaciones de seguridad los muestran entrando en la tienda, pero sólo es unos segundos porque inmediatamente Pascual se carga la cámara. Ya les estamos buscando para interrogarlos.
—¿Ha notado si falta algo? ¿Dinero de la caja? ¿Género?
—Eso es lo más extraño. Hasta donde ha podido terminar del inventario, no falta nada. Pero claro, paró en cuanto abrió la puerta del almacén, como comprenderás…

Un agente uniformado nos franqueó el paso a la trastienda. La puerta no podía abrirse del todo, porque topaba con un par de voluminosas cajas al otro lado. Pero al cruzar el umbral, la estantería volcada quedaba directamente a la vista.

De debajo de ella, entre las cajas volcadas de pornografía y artículos eróticos, sobresalían una mano y parte de una cabeza.

—Israel Delgado, el socio del dueño —me informó Arjona—. Socio capitalista, por lo general no pisaba la tienda salvo para tratar alguna cuestión monetaria. Al parecer, y según Inclán, a Delgado no le hacía demasiada gracia este negocio… pero lo consideraba rentable, así que invertía en él.
—¿Asesinato? —pregunté.
—De momento lo trataremos como homicidio, pero aún no sé más. Hay señales de pelea, ¿ves?, así que es fácil deducir que había alguien más implicado y cabe suponer que la estantería cayó en el forcejeo. Pero de momento no lo hemos podido confirmar. Pudo haber sido un accidente aislado.
—Mmmhm. ¿Cómo crees que ocurrió?
—Supongo que Delgado vio el escaparate roto, entró para intentar detener al ladrón (o ladrones), pelearon y se cayó la estantería. O se la tiraron, aún no lo tengo claro.
—Debe haber sido un mal golpe —dije golpeándola con el nudillo—. La estantería es robusta, pero no sé yo si podría matar a un hombre. Aunque bueno, no soy forense. ¿Irene lleva el caso?
—No, ¿no te lo dijo? Se ha ido a pasar la Semana Santa con su madre. Está Fábrega sustituyéndola.
—Uff, Fábrega. Malo, esto va a frenar mucho la investigación. No me entiendas mal —agregué, viendo la expresión en el rostro de Arjona—, Fábrega es un gran experto forense y respeto, incluso admiro, su conocimiento y su sabiduría; pero no tiene pulso para hacer bien una autopsia y sus ojos ya no son lo que eran. Va a tardar en tener la autopsia completa, que lo sepas.
—Eso suena a interés, Jack —me dijo con una sonrisa—. ¿Cuento contigo en el caso?
—Lo siento, me encantaría, pero mi vuelo sale dentro de —consulté mi reloj— tres horas y media, y ya sabes que hay que facturar con tiempo. Tengo los billetes, tengo la reserva del hotel, tengo las entradas para el teatro, y lo más importante, tengo a mi señora esperándome al otro lado, así que me temo que esto es inapelable.
—¿¿¿Qué??? —exclamó Arjona—. Pero… pero… ¡Porno!
—Lo sé, viejo amigo, lo sé, y no creas que no me interesa este caso. Sata y yo intentaremos mantenernos en contacto, si podemos, para saber cómo evoluciona la investigación.
—¡Venga ya! ¡Un homicidio, una puta, cajas de porno por todas partes! ¡La víctima muerta por la estantería del porno! ¡No puedes decirme que te vas sin siquiera compartir una opinión conmigo!
—Arjona, amigo mío, claro que te voy a dar una opinión. Dices que fueron dos personas quienes entraron aquí, y las señales de pelea muestran que hubo, efectivamente, dos personas; si contamos entre esas dos a la víctima, nos sobra uno. Yo estudiaría bien esa versión de los hechos antes de darla por buena.
—No puedes irte, Jack, tío. ¡Esto es un trabajo para la Sociedad del Misterio!
—Exacto —repliqué sacando mi móvil—. Lo único que digo es que yo me tengo que ir. Pero Zalaya está de guardia, y ya que algún día le tiene que tocar dirigir su primera investigación… estoy seguro de que le encantará que sea esta.

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