Archivo mensual: febrero 2009

Caso nº 00019: UN REGALO EN LA OSCURIDAD (CERRADO)

La figura se desplazó dándole la espalda a las cámaras de seguridad. Era alto, voluminoso. Había abierto la puerta, y la alarma no sonó. Ni la normal ni la silenciosa. Se adelantó hasta el ordenador de seguridad, introdujo un disco en la unidad y las cámaras se apagaron.
Cuando se volvieron a conectar, una figura yacía en el suelo, desmadejada. Un cadáver en las oficinas de la Sociedad del Misterio.

El teléfono sonó a las seis cuarenta y cinco de la mañana. La mano tanteó, tiró un botellín de agua, aporreó la lamparilla hasta dar con el puñetero inalámbrico. Estaba al lado de un libro de criminología.
Ryder contestó.
—Mfffgl… ehem… Ryder… ¿Quién es?

Quince minutos después se había personado en la entrada de la Sociedad del Misterio.
Matilde López, señora de la limpieza que trabajaba para una empresa contratada por la Sociedad fue la que descubrió el cadáver, que, tirado, se hallaba en la misma entrada de las oficinas.
Ryder, quieto y con la mano en el mentón, analizó lo que veía, a saber:
1.- Un cadáver en la entrada de la Sociedad del Misterio.
2.- No había manchas de sangre ni arma homicida a la vista.
3.- Había una nota en el tablón de los anuncios.
4.- La nota sólo tenía en el exterior dos letras. A. K.
Rezaba lo siguiente:

“Siento despertarle, doctor, pero tenía algo entre manos y no sabía donde dejarlo. Confío en que aquí esté a resguardo, ya sabe, hay muchos carroñeros sueltos.
No lo he hecho por animadversión ninguna hacia ustedes. No quiero decirles mucho más, pero les diré que son los únicos en los que confiaría un asunto de ésta índole.
Atentamente:

A. K.

P.D: Dígale a Boniatus, de mi parte, que el café es excelente. Le alabo el gusto.”

Ryder llamó a la policía y a la plana mayor de la Sociedad: Tenía un cadáver en sus oficinas y había mucho que hacer…

Tan pronto como el juez de instrucción lo ordenó, la doctora Irene “Watson” Garzón se encargó de levantar el cadáver. El detective Ryder le dedicó una mirada de despedida mientras su rostro desaparecía en una bolsa para cadáveres. Por el momento sólo habían conseguido su identidad: Carlos Duarte de la Torre, 40 años recién cumplidos, cirujano. Aparte de eso, nada más.
-Esto va a ser complicado, Jack -dijo la forense.
-Lo sé, mi equipo y yo nos pondremos a trabajar en cuanto…
-No, no me has entendido. Quiero decir que me huele a encerrona.
-Encontraremos a ese asesino, tranquila.
-No deberíais hacerlo.
-¿Perdona?
-Deberíais dejar este caso en manos de la policía.
-¡Irene! ¡Por si no te has dado cuenta, nos han dejado un cadáver en casa!
-Lo sé.
-¿Te das cuenta de cómo nos hace quedar eso?
-Como los principales sospechosos. Por eso la policía no se mostrará muy abierta a colaborar.
-¡Exacto! Y por eso tenemos que encontrar al asesino. Es la única forma de demostrar nuestra inocencia.
-¿Recuerdas lo que decía papá en estos casos?
Ryder suspiró.
-Piensa en ajedrez -continuó la doctora-. Si A. K. es la mente criminal que me has dicho que es, cada jugada tiene que estar ensayada para obligarte a reaccionar. Y como tú mismo has dicho, encontrar al asesino es lo único que demostraría vuestra inocencia… así que eso tiene que ser lo que quiere que hagáis.
-¡Pero…!
-Ya os pilló la última vez, ¿recuerdas? No puedes entrar en su juego. No si no quieres que se vuelva a salir con la suya.
El detective cayó derrotado sobre su silla.
-Arjona y yo nos ocuparemos de que esto se haga bien -añadió la doctora Garzón-. Vosotros nos habéis ayudado con un montón de casos… deja que ahora ayudemos nosotros.
-¿Me avisarás cuando determines la causa de la muerte?
Esa fue toda la respuesta que la doctora recibió. El detective Ryder estaba sumido en sus propios pensamientos, atrapado por ellos y sin ninguna intención de escapar.

La forense se despidió y salió del despacho. En la puerta se cruzó con el Profesor Boniatus, que la saludó cordialmente y pasó a hablar con el jefe.
-No he podido evitar escuchar la conversación. ¿Entonces vamos a hacerle caso? ¿Nos vamos a mantener fuera de la investigación?
-Sí y no, respectivamente -respondió Ryder con media sonrisa-. Irene tiene razón, es una encerrona, y ya hemos pasado por eso y no nos gustó la primera vez; pero… ¿qué consigue A. K. con que nos pongamos a perseguir al asesino?
-¿Que nos acusen de obstrucción a la justicia?
-No, eso sería “qué gana”. Pero lo que consigue es distraernos del resto de las piezas de este caso.
-¿Qué resto de…?
-Averigua dónde estaba la consulta de la víctima. No menciones el asesinato. Vamos a seguir ese cabo, vamos a averiguar quién era Carlos Duarte para A. K. y por qué le quería muerto.

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Caso nº 00018: MUERTE EN DIRECTO (CERRADO)

»Buenas noches, damas y caballeros, bienvenidos una noche más a “Simón Dice”. Hoy tendremos un programa muy especial, con la presencia de dos grandes personalidades enfrentadas: el controvertido documentalista Javier Rodríguez, autor de la polémica cinta que ustedes pueden ver en cines, “Atraque a mano armada”, como parte atacante; y el empresario naviero Eddy Puccio, propietario de cinco puertos deportivos en nuestro país, como parte ofendida. Creo que coincidirán conmigo en que hoy el debate va a ser de los buenos.

»Pero no es esa la única razón por la que digo que el programa de hoy va a ser especial. Antes de comenzar, me gustaría tener con ustedes una pequeña confesión.

»Recientemente, he sido víctima de serias amenazas si continuaba con el programa como hasta ahora. Al parecer, alguien se ha sentido tan ofendido con alguno de mis anteriores debates, que ha pensado que se imponían medidas desesperadas… no les mentiré, damas y caballeros: las amenazas eran de muerte.

»La cadena me pidió que me tomara en serio las amenazas. Y si he de ser sincero, estos últimos días yo mismo me planteé hacerles caso. Honestamente, estuve a punto de no presentarme hoy, de disculparme con mis dos invitados de la noche y de hacer que emitieran un especial con los mejores momentos de “Simón Dice”. Y sí, lo confieso, pensaba mantenerlo en secreto, no quería que nadie lo supiera, más que los ejecutivos de la cadena y yo.

»Pero entonces pensé: ¿de qué tengo que esconderme? Sé que este programa siempre ha sido polémico, sé que suelo escoger los temas de debate más controvertidos, y siempre he sabido que no a todo el mundo le gustará lo que hago. Pero sigo teniendo un público fiel, un público al que no le asusta escuchar la verdad, al que no le asusta que se le contradiga. Un público que, incluso en mis momentos más oscuros, me ha mostrado siempre su apoyo. ¿Y acaso no me debo yo a ese público?

»Así que aquí me tienen, damas y caballeros. Desafiante y provocador como siempre. Si alguien quiere matarme, si esas amenazas no eran palabras vacías… que vengan, si se atreven.

»Bien, no quiero que se nos vaya toda la noche con este tema, el debate de hoy es muy interesante, así que vamos a comenzar…

Un relámpago iluminó las oficinas de la Sociedad del Misterio mientras en el video se cortaba la emisión. Un corte que había tenido lugar un segundo demasiado tarde.

—Esas fueron las últimas palabras de Simón Yagüe —expliqué parando la reproducción—. Seguro que alguno de vosotros lo vio la semana pasada. Justo después de esas palabras, alguien entre el público le disparó en toda la cara, en directo para todo el país.
—Ahora la policía ha acudido a nosotros —apuntó Boniatus—. Según parece, han llegado a un callejón sin salida. Después de una semana interrogando a espectadores, no parecen tener nada sólido.
—El caso está frío, pero tiene que quedar algo que la policía haya pasado por alto. Esto es lo que tenemos: el arma del crimen estaba en un cubo de basura. No se han encontrado huellas. O el asesino usaba guantes, o sabe bien cómo limpiar un arma. La pistola estaba registrada a nombre de la víctima, así que cabe suponer que tenía enemigos. Balística ha determinado que el disparo se efectuó desde la entrada del plató, en medio de las gradas. Se ha interrogado a los espectadores que tenían asientos contiguos a esa zona, pero todos estaban mirando a Yagüe así que nadie vio nada. La policía nos prestará las pruebas que les pidamos, siempre y cuando las devolvamos en un plazo de veinticuatro horas.
—Dado que creemos que el propio Yagüe era consciente de tener enemigos —aportó Zalaya—, voy a ir al estudio a hablar con todos los miembros del equipo. Quizás alguien sepa algo, o quizás incluso encontremos a alguien con motivos para matarlo.
—Voy contigo —dijo Boniatus—. Quiero echarle un vistazo al estudio, tanto a la escena del crimen como a los camerinos, los pasillos, todo.
—Yo estudiaré las pruebas que nos pase la policía —terció Jnum—. Boniatus, ya sabes, si encuentras algo…
—De acuerdo. A los dos que vais a salir, id con cuidado que con este temporal la carretera no es muy segura… ¿se puede saber de qué te ríes, Ceres?
—No, de nada, Jack.
—Muy bien, mientras nuestros jefes de departamento nos elaboran sus informes, quiero que los demás nos dediquemos a trabajar con lo que tenemos. Estudiemos el video. No vamos a ver al asesino, eso creo que está bastante claro; pero podría haber alguna pista en las palabras de Yagüe, y no quiero que se nos escape. Tendré el DVD en mi despacho durante toda la investigación, si alguien quiere volverlo a ver no tenéis más que pasaros a preguntar.

»Ah, y una cosa más… Sabéis que me da cosa plantearos un misterio mientras algunos de vosotros estáis de exámenes, así que participad sólo cuando tengáis tiempo. Podéis venir a mi despacho y pedirme un resumen de lo que os hayáis perdido para no perder el hilo.

»¿Todo claro? Muy bien, vamos allá. El asesino tiene que haber cometido un error, y nosotros lo vamos a encontrar.

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