Archivo mensual: abril 2008

Caso nº 00010: EL CASO DEL TOMO TRANSFORMADO (CERRADO)

Como ya sabéis por el caso anterior, el inspector Arjona es un viejo amigo de cuando trabajaba con el doctor Watson. Lo que puede que no sepáis (se podía deducir de nuestro último caso, aunque como era el primero en el que trabajabais con él no teníais con qué comparar) es que Arjona tiene un sentido del humor un tanto peculiar. Trabaja en homicidios, pero intenta enterarse de todos los casos que pasan por su comisaría. Y cuando encuentra alguno que le hace gracia, le gusta llamarme para ver qué soy capaz de hacer.

Uno de esos casos es el que nos ocupa en esta ocasión. He pasado una semana de viaje con mi encantadora novia (a la que espero poder presentaros algún día), así que apenas he abierto el correo. Pero a mi regreso he encontrado sobre mi mesa un sobre tamaño folio remitido por Arjona. Picado por la curiosidad, sin siquiera quitarme el sombrero me senté y lo abrí.

“Buenas tardes, Jack”, me saludaba, “y buenas tardes a tu equipo. Probablemente ya estés informado del asunto del robo en el museo Sonia Smith. Mis compañeros de Robos llevan un par de días trabajando en el caso sin resultado, y finalmente, hartos como están de oírme meterme con ellos, han decidido escucharme y hacerte partícipe de los datos de la investigación. Te envío el atestado. Te hará falta, al menos, para comprender por qué les he insistido tanto en que cuenten con tu equipo… ya que hay un dato que se ha ocultado a la prensa para evitar una mayor vergüenza al museo. ¡Que lo disfrutes!”

Antes de sacar el atestado del sobre, repasé mentalmente lo que había podido oír del robo al museo. Según tenía entendido, un antiguo tomo de valor incalculable, expuesto en la sala principal y protegido por un sistema de seguridad de última generación, había sido robado en plena noche. Dado que hasta que no me llamasen no tenía por qué distraer mi atención de mi viaje, no quise saber más del caso; por supuesto, sabía que la alarma había saltado al intentar escapar el ladrón, lo que parecía apuntar a un robo desde fuera; pero aparte de eso, no quise enterarme de nada más. Ahora que había vuelto de mis breves (y muy gratas) vacaciones, me parecía que sería un buen momento para dedicarle por fin algo de atención.

Entonces leí el atestado. Y en poco tiempo encontré qué era lo que le había hecho tanta gracia a Arjona. A continuación os incluyo todos los datos que puedo del mismo (algunos aparecen tachados para garantizar una cierta confidencialidad):

En la ciudad de XXXXXXXXXX y en su Jefatura de Policía Local, siendo la VEINTIDÓS horas y DOCE minutos, del día VEINTITRÉS de ABRIL de DOS MIL OCHO, por el funcionario perteneciente a este éste Cuerpo con número de identificación profesional número 007, que actúa como Instructor y Secretario-Habilitado, se extiende la presente para hacer CONSTAR:

Que a la UNA hora y TREINTA Y SIETE minutos del presente día, se recibe una llamada del Museo Sonia Smith alertando del robo del objeto central de la exposición, un antiguo tomo chino del siglo XV encuadernado en bambú, encontrándose en su lugar una caja de cartón llena de revistas pornográficas.

El vigilante de seguridad ELÍAS MONJE PÉREZ, que se identifica con Documento Nacional de Identidad número XXXXXXXXX, nacido el DIECISÉIS de FEBRERO de mil novecientos cincuenta y tres, en XXXX, provincia de XXXX, hija/o de XXXX y XXXX, con domicilio en XXXXX, en XXXX, provincia de XXXX, informa que en el interior del recinto se encuentran TRES personas, las cuales no deberían estar ahí.

Que debido a la proximidad del museo, el instructor se acerca al lugar de los hechos para investigar lo sucedido.

Que una vez personado en el lugar de los hechos se procede a la identificación de los susodichos, siendo además del vigilante ya identificado, el restaurador, quien mediante Documento Nacional de Identidad número XXXX, le acreditar ser y llamarse SIMÓN OLAZÁBAL YUSTE, nacido el TRES de MARZO de mil novecientos setenta, en XXXX, provincia de XXXX, hija/o de XXXX y XXXX, con domicilio en XXXXX, en XXXX, provincia de XXXX. La secretaria quien mediante Documento Nacional de Identidad número XXXX, le acreditar ser y llamarse NURIA OSASUNA PELÁEZ, nacida el CINCO de OCTUBRE de mil novecientos ochenta y dos, en XXXX, provincia de XXXX, hija/o de XXXX y XXXX, con domicilio en XXXXX, en XXXX, provincia de XXXX. Y el becario quien mediante Documento Nacional de Identidad número XXXX, le acreditar ser y llamarse CASIMIRO PINO MARTÍNEZ, nacido el CATORCE de JULIO de mil novecientos ochenta y cuatro, en XXXX, provincia de XXXX, hija/o de XXXX y XXXX, con domicilio en XXXXX, en XXXX, provincia de XXXX.

Que el (restaurador) estaba realizando labores propias de su oficio y declara no haber oído nada desde su taller, pues se encontraba absorto en la restauración de una tablilla sumeria. Que su taller está muy alejado de la puerta de entrada del museo, y que ya que fue en dicha puerta donde se disparó la alarma, él no pudo haber visto ni oído a nadie. Que estaba preocupado por el tomo robado, en cuya restauración había trabajado durante tres años, y que estaría dispuesto a ayudar proporcionando información sobre las necesidades especiales de traslado y conservación del citado objeto.

Que la (secretaria) se había quedado para preparar una reunión del director del museo con un coleccionista privado, organizada para el día siguiente al día de autos. Informando el vigilante que no conocía de que se encontraba en el museo, creyendo que se había ido. Que podría asegurar que informó al vigilante de su presencia, pero que la negativa del mismo la ha puesto en duda. Y que oyó pasos alejándose del despacho y en dirección a la puerta de salida, a la UNA hora y VEINTE minutos aproximadamente.

Que el (becario) decía que había entrado para recuperar unas notas que había olvidado en el interior del museo y que necesitaba con urgencia, y que después de recuperarlas no había sabido cómo salir. Que decidió ocultarse en lugar de buscar al vigilante de seguridad porque, al ser el nuevo, es habitualmente el blanco de las burlas del personal del museo, director incluido, y quiso ahorrarse el bochorno.

Que el (vigilante) aseguraba que desconocía de la presencia de estas tres personas, aunque ha reconocido que el restaurador se quedaba algunas noches hasta tarde con el permiso del director, y a veces a instancias del mismo. Que sabía de la tensión existente entre el director y su becario, por lo que no se sintió demasiado extrañado al saber que el citado se había pasado toda la noche escondido para evitar las burlas. Y que no consta que la secretaria hubiera notificado que permanecería en el museo hasta tarde.

Que no se han encontrado huellas en el escenario del crimen, pero sí se ha hallado una sábana de tejido grueso y opaco en el suelo. Que tras unas pesquisas preliminares, se ha determinado que es el mismo tipo de sábana que se utiliza para cubrir las cajas aún sin desembalar.

Que en las inmediaciones del museo, no hubo ningún testigo que viera ni oyera a nadie entrar en el recinto después del cierre, ni salir de él tras la alarma.

Comprenderéis ahora por qué os he hecho llamar. Habiendo una caja de porno de por medio, este caso es un trabajo para la Sociedad del Misterio.

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LA ACADEMIA DEL MISTERIO – Lección 00001: Los Tres Pilares de la Investigación

Bienvenidos a esta primera sesión de la Academia del Misterio. Aquí, de vez en cuando y entre caso y caso, os iré poniendo sencillos ejercicios prácticos para perfeccionar vuestra técnica de investigación. He creído que os ayudaría practicar esto en un entorno controlado, sin la presión de un crimen real pendiendo sobre nuestras cabezas.

En esta primera lección, repasaremos un poco lo que ya sabemos, sólo para asentar las bases. El trabajo de un investigador se basa siempre en tres pilares: observación, deducción y conocimientos. Si no observamos, no sabremos cuáles son los indicios presentes; si no deducimos, no encontraremos la relación ni el significado oculto tras ellos; y si no conocemos, muchas pistas se nos pasarán por alto. Observemos estos tres pilares en funcionamiento de la mano del ilustre detective Sherlock Holmes, de un pasaje del relato de su caso “El carbunclo azul”:

—¿Y qué pistas tiene usted de su identidad?
—Sólo lo que podemos deducir.
—¿De su sombrero?
—Exactamente.
—Está usted de broma. ¿Qué se podría sacar de esa ruina de fieltro?
—Aquí tiene mi lupa. Ya conoce usted mis métodos. ¿Qué puede deducir usted referente a la personalidad del hombre que llevaba esta prenda?
Tomé el pingajo en mis manos y le di un par de vueltas de mala gana. Era un vulgar sombrero negro de copa redonda, duro y muy gastado. El forro había sido de seda roja, pero ahora estaba casi completamente descolorido. No llevaba el nombre del fabricante, pero, tal como Holmes había dicho, tenía garabateadas en un costado las iniciales «H. B.». El ala tenía presillas para sujetar una goma elástica, pero faltaba ésta. Por lo demás, estaba agrietado, lleno de polvo y cubierto de manchas, aunque parecía que habían intentado disimular las partes descoloridas pintándolas con tinta.
—No veo nada —dije, devolviéndoselo a mi amigo.
—Al contrario, Watson, lo tiene todo a la vista. Pero no es capaz de razonar a partir de lo que ve. Es usted demasiado tímido a la hora de hacer deducciones.
—Entonces, por favor, dígame qué deduce usted de este sombrero.
Lo cogió de mis manos y lo examinó con aquel aire introspectivo tan característico.
—Quizás podría haber resultado más sugerente —dijo—, pero aun así hay unas cuantas deducciones muy claras, y otras que presentan, por lo menos, un fuerte saldo de probabilidad. Por supuesto, salta a la vista que el propietario es un hombre de elevada inteligencia, y también que hace menos de tres años era bastante rico, aunque en la actualidad atraviesa malos momentos. Era un hombre previsor, pero ahora no lo es tanto, lo cual parece indicar una regresión moral que, unida a su declive económico, podría significar que sobre él actúa alguna influencia maligna, probablemente la bebida. Esto podría explicar también el hecho evidente de que su mujer ha dejado de amarle.
—¡Pero… Holmes, por favor!
—Sin embargo, aún conserva un cierto grado de amor propio —continuó, sin hacer caso de mis protestas—. Es un hombre que lleva una vida sedentaria, sale poco, se encuentra en muy mala forma física, de edad madura, y con el pelo gris, que se ha cortado hace pocos días y en el que se aplica fijador. Éstos son los datos más aparentes que se deducen de este sombrero. Además, dicho sea de paso, es sumamente improbable que tenga instalación de gas en su casa.
—Se burla usted de mí, Holmes.
—Ni muchos menos. ¿Es posible que aún ahora, cuando le acabo de dar los resultados, sea usted incapaz de ver cómo los he obtenido?
—No cabe duda de que soy muy estúpido, pero tengo que confesar que soy incapaz de seguirle. Por ejemplo: ¿de dónde saca que el hombre es inteligente?
A modo de respuesta, Holmes se encasquetó el sombrero en la cabeza. Le cubría por completo la frente y quedó apoyado en el puente de la nariz.
—Cuestión de capacidad cúbica —dijo—. Un hombre con un cerebro tan grande tiene que tener algo dentro.
—¿Y su declive económico?
—Este sombrero tiene tres años. Fue por entonces cuando salieron estas alas planas y curvadas por los bordes. Es un sombrero de la mejor calidad. Fíjese en la cinta de seda con remates y en la excelente calidad del forro. Si este hombre podía permitirse comprar un sombrero tan caro hace tres años, y desde entonces no ha comprado otro, es indudable que ha venido a menos.
—Bueno, sí, desde luego eso está claro. ¿Y eso de que era previsor, y lo de la regresión moral?
Sherlock Holmes se echó a reír.
—Aquí está la previsión —dijo, señalando con el dedo la presilla para enganchar la goma sujetasombreros—. Ningún sombrero se vende con esto. El que nuestro hombre lo hiciera poner es señal de un cierto nivel de previsión, ya que se tomó la molestia de adoptar esta precaución contra el viento. Pero como vemos que desde entonces se le ha roto la goma y no se ha molestado en cambiarla, resulta evidente que ya no es tan previsor como antes, lo que demuestra claramente que su carácter se debilita. Por otra parte, ha procurado disimular algunas de las manchas pintándolas con tinta, señal de que no ha perdido por completo su amor propio.
—Desde luego, es un razonamiento plausible.
—Los otros detalles, lo de la edad madura, el cabello gris, el reciente corte de pelo y el fijador, se advierten examinando con atención la parte inferior del forro. La lupa revela una gran cantidad de puntas de cabello, limpiamente cortadas por la tijera del peluquero. Todos están pegajosos, y se nota un inconfundible olor a fijador. Este polvo, fíjese usted, no es el polvo gris y terroso de la calle, sino la pelusilla parda de las casas, lo cual demuestra que ha permanecido colgado dentro de casa la mayor parte del tiempo; y las manchas de sudor del interior son una prueba palpable de que el propietario transpira abundantemente y, por lo tanto, difícilmente puede encontrarse en buena forma física.
—Pero lo de su mujer… dice usted que ha dejado de amarle.
—Este sombrero no se ha cepillado en semanas. Cuando le vea a usted, querido Watson, con polvo de una semana acumulado en el sombrero, y su esposa le deje salir en semejante estado, también sospecharé que ha tenido la desgracia de perder el cariño de su mujer.
—Pero podría tratarse de un soltero.
—No, llevaba a casa el ganso como ofrenda de paz a su mujer. Recuerde la tarjeta atada a la pata del ave.
—Tiene usted respuesta para todo. Pero ¿cómo demonios ha deducido que no hay instalación de gas en su casa?
—Una mancha de sebo, e incluso dos, pueden caer por casualidad; pero cuando veo nada menos que cinco, creo que existen pocas dudas de que este individuo entra en frecuente contacto con sebo ardiendo; probablemente, sube las escaleras cada noche con el sombrero en una mano y un candil goteante en la otra. En cualquier caso, un aplique de gas no produce manchas de sebo. ¿Está usted satisfecho?

Algunos elementos de esta deducción podrían parecer algo exagerados. Por ejemplo, la frenología, que Holmes aplica para deducir el intelecto del propietario del sombrero, fue tildada de patraña algunos años después de la resolución de este misterio; y en mi opinión, al menos, la suposición de que la esposa de aquel hombre ya no le amaba fue una jugada algo arriesgada (aunque, la verdad sea dicha, le salió bien). Sin embargo, en todo lo demás habéis podido ver los tres pilares de la investigación en funcionamiento. Holmes ha observado los hechos, y partiendo de ellos ha fabricado una cadena, los ha enlazado por medio de sus deducciones y ha logrado encontrar el elemento oculto de la historia (el propietario del sombrero). Ahora bien: si para algunas de sus deducciones le ha bastado con las pruebas a su disposición (los cabellos encontrados en el interior del sombrero, así como la gomina y el sudor), para otros ha sido imprescindible el conocimiento (cuándo salieron a la venta ese tipo de sombreros, el hecho de que ninguno se vendiera con la goma).

Como podéis ver, los tres pilares son complementarios. Lo apreciaréis con más claridad en uno de nuestros casos más recientes, la muerte de Jorge Brezo: gracias a que Boniatus se fijó en el salmón cuando procesaba la escena, pudimos deducir que lo habían sacado del congelador antes de la muerte, lo que sirvió para descartar el suicidio; y gracias a que conocíamos el hecho de que el secobarbital es bastante soluble en agua y muy soluble en alcohol, supimos dónde buscar la droga y cómo le fue administrada. Una vez más: observación, deducción, conocimientos.

Bien, ya podemos ir terminando la clase de hoy, pero no sin antes plantearos un pequeño ejercicio práctico para el cual tendréis que aplicar los tres pilares. Probablemente muchos ya os conozcáis esta adivinanza, pero aún así os pido que la estudiéis con detenimiento y planteéis la solución aplicando los tres principios. Contestad sin leer las conjeturas de los demás, por favor; leedlas sólo después de haber contestado. Dentro de siete días, yo daré la respuesta. Ah, y… prestad atención al detalle si queréis resolverlo correctamente:

Estáis en una habitación orientada al norte. Si veis pasar un oso por la ventana… ¿DE QUÉ COLOR ES?

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